Opinión

¿Debe preocuparse el Papa por Argentina?

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Aparentemente, el Papa Francisco dijo en una misiva que espera que Argentina esté a tiempo de evitar la "mexicanización de su territorio", por el problema del narcotráfico. (Reuters)

Hace unos días se publicó una carta privada del papa Francisco, dirigida a un legislador porteño, en la que expresaba su preocupación por el aumento de los crímenes relacionados con el narcotráfico en Argentina. En esa misiva, el papa escribió “ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización”. En los términos en los que la usó el papa, la expresión “mexicanización” confería arbitrariamente un carácter nacional a un problema global.

A pesar de su polémico calificativo, ¿es comprensible la preocupación del papa? Sí. Argentina atraviesa por lo que le ocurrió a México hace muchos años: pasó de ser país de tránsito marginal de drogas a ser país productor y de consumidores. Según el informe de 2013 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), en los últimos cuatro años, Argentina ha reportado importantes incautaciones de drogas (anfetaminas, metanfetaminas y alucinógenos). Asimismo, ha sido novedosa la incautación de las autoridades aduanales de Europa Occidental de cocaína procedente de Argentina.

Las consecuencias de este cambio son el aumento del narcomenudeo y de la violencia asociada. Según el profesor Alberto Föhrig de la Universidad de San Andrés, Argentina “tiene ciertas condiciones de aceptación del proceso de penetración del narcotráfico”. Algunas de las causas que cita son: el aumento de la circulación de la cocaína (120 toneladas por año) en un periodo muy corto (2005 a 2010), el aumento del consumo interno de cocaína, que pasó de 1 por ciento a casi 3 por ciento en la población en edades de 15 a 64 años y la elaboración local de la droga; hay laboratorios que terminan la producción de clorhidrato de cocaína. El problema es pernicioso: se filtra incluso a la economía formal por medio del lavado de dinero en la especulación inmobiliaria de Buenos Aires y Rosario.

Los niveles de homicidios todavía se mantienen bajos. Las cifras oficiales señalan que entre 2002 y 2012 ocurrieron 31 mil 992 asesinatos, de los cuales 4 mil 519 fueron de jóvenes de entre 15 y 19 años. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito, Argentina es el tercer país latinoamericano con la tasa de homicidios más baja. Esta cifra la comparte con sus vecinos del Cono Sur (Chile y Uruguay) y es similar a la de algunos países europeos. No obstante, se registran niveles crecientes de violencia y el número de homicidios registrados anualmente muestra una tendencia ascendente. En el ámbito regional y de las ciudades es más grave: los asesinatos consignados de jóvenes en los últimos años en la provincia de Santa Fe superan el número máximo de las demás provincias. Una explicación que ha dado el gobierno es la de los ajustes de cuentas entre bandas del crimen organizado y el incremento de la presencia de grupos criminales extranjeros. Hay que resaltar el activismo de los cárteles mexicanos que hasta hace poco podían comprar legalmente efedrina y otros precursores químicos en Argentina. Mientras que un kilo de efedrina costaba en México 10 mil dólares, en Argentina costaba solo 100.

La iglesia católica ha expresado su preocupación por el tema desde hace tiempo: en noviembre de 2013, el episcopado argentino advirtió en el documento “El drama del narcotráfico y la droga” sobre la complicidad del Estado en el negocio de las drogas y exigió medidas urgentes para resolverlo. Ha habido varios agentes policiales antinarcóticos detenidos por la protección que brindan a grupos criminales, sin embargo la percepción es que el gobierno no hace lo suficiente frente a este problema.

El gobierno argentino puede aprender de nuestra experiencia y no seguir el mismo camino que México. Lo último que le convendría a este país es “mexicanizar” su estrategia para combatir al crimen organizado. Muchas voces coincidimos en que la estrategia debe cambiar y que la opción de la despenalización de ciertas drogas debe discutirse nacional e internacionalmente. Esperemos que la participación de nuestros países en la Sesión Especial de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre Drogas (UNGASS 2016) sea decisiva para encontrar soluciones concertadas nuevas a problemas comunes viejos.

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