Opinión

De San Gotardo a Viaducto-Tlalpan

 
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Inseguridad no afecta la instalación de casillas: INE

La gran frontera continental que separa el Norte de Europa e Italia se ubica en los Alpes Suizos, y en estos, en el macizo de San Gotardo, justamente en su parte central entre los cantones de Uri y Ticino. A lo largo de los años ha sido un obstáculo físico que ha debido enfrentarse y superarse con la finalidad de facilitar la comunicación y el comercio, y con ellos la integración del continente.

En el año de 1999 inició la excavación de un túnel de 800 metros de profundidad, desde cuya base daría comienzo la construcción de lo que hoy, diecisiete años después, es el túnel ferroviario más grande del mundo, con una longitud de 57 kilómetros, el túnel de la base de San Gotardo. Se trata de la mayor obra de ingeniería de su tipo, con un costo superior a los 12 mil millones de dólares, que permitirá la transportación de mercancía entre los puertos de Hamburgo y Génova.

La fiesta de inauguración tuvo lugar el pasado 1º de junio, con la bandera y paso concedido por el Presidente Suizo a los primeros trenes que atravesarán el Macizo, en compañía de los cancilleres de Alemania y Austria, el Presidente de Francia y el Primer Ministro de Italia, vecinos y principales interesados en el proyecto.

La noticia resulta sumamente relevante y oportuna a nivel mundial, ya que se debe recordar que la obra inició con motivo de un plebiscito, a través del cual los suizos aceptaron pagar mayores impuestos para poder llevar a cabo el proyecto, que tenía como principal propósito disminuir el tráfico de camiones a través de sus caminos y con ello, bajar también la consecuente emisión de contaminantes, hecho que resulta esencial para la conservación del medio ambiente. Paradójico y notorio es que en la misma semana de la inauguración, el cambio climático haya provocado también una creciente del Río Sena que no era vista desde el inicio del siglo pasado.

Aunado a la relevancia ecológica de la obra, dos temas adicionales resultan igualmente interesantes y de trascendencia para el caso específico de México --que dicho sea de paso, no formó parte de los treinta y cinco países que emitieron alguna comunicación internacional con respecto al túnel--: la importancia que puede tener la consolidación de un sistema que permita el funcionamiento real de una democracia participativa; y, la necesidad de verificar la efectividad de los mecanismos legales de planeación nacional.

Este domingo tuvo lugar uno de los procesos de elección más importantes del país, por el número de gubernaturas estatales sujetas al escrutinio de la ciudadanía, como también por la emisión del sufragio referente a la elección de un Poder Constituyente para la Ciudad de México. Con resultados todavía indefinidos, es previsible que la alternancia, afortunadamente, venga a convertirse en un signo distintivo que refleja la madurez de un proceso de sana y eficaz politización del país iniciado pacíficamente hace una treintena de años.

El aspecto particular que merece la pena comentar, tiene que ver con la todavía ausente convicción de que la alternancia partidaria en el ejercicio del poder público, no debe verse como una desvinculación de los partidos a los quehaceres cotidianos de la administración del Estado, particularmente relacionados con obras que interesen y beneficien a la ciudadanía en general.

Se ha confundido al proceso de elección de partidos y candidatos para el ejercicio de las funciones de gobierno, con una batalla desaliñada por el poder que los lleva a pensar en la necesidad de romper, periódicamente, con los actos emprendidos por antecesores. Ese pensamiento, lleva a la absurda realidad de que los proyectos del país se deban planificar sexenalmente, por el riesgo de quedar inconclusos.

Dos obras de infraestructura propuestas por la administración del Presidente Peña Nieto resultan absolutamente imprescindibles e impostergables para el crecimiento de México: un nuevo aeropuerto internacional para la Ciudad de México, y la creación de un sistema ferroviario de pasajeros que podría comenzar con la interconexión de la misma capital del país y la segunda ciudad más grande, que es Guadalajara.

De los dos anteriores, el segundo, que iniciaba con la construcción del tramo entre el Distrito Federal y Querétaro, debió abandonarse con motivo de desaguisados que enturbiaron la gestión financiera del Estado; el primero, sin embargo, continúa en sus términos y debe de llegar a una conclusión favorable, con el “inconveniente”, sin embargo, de que será una obra que concluya muchos años después de la terminación del período que abarca la presente administración.

Resulta sumamente torpe y desafortunado para el país, e injusto para los inversionistas, que existan dudas y zozobra con relación al inicio y terminación de cualquier proyecto de largo plazo que haya de emprenderse para el beneficio de México, por el solo hecho de “pertenecer” a diversas administraciones; sin embargo, es imposible que pueda llevarse a cabo cualquier construcción de interés nacional, si ésta ha de quedar marcada con un sello partidista o el lógico y necesario celo referente a la correcta administración de las finanzas públicas.

Por la razón anterior, resultan inaplazables: 1. la decisión de someter a consulta nacional la construcción de obras cuyo compromiso presupuestario rebase el período de aquel titular del Ejecutivo que haya de proponerla; 2. la revisión de los mecanismos de planeación nacional, para que se permita la intervención partidista plural desde antes de la adjudicación de dichos contratos; 3. la desvinculación oficial de cualquier grupo partidario en lo particular con relación a las obras; y, 4. la transparencia en los procesos de adjudicación de obra y fiscalización permanente, que ofrezcan seguridad a la ciudadanía con relación al uso eficiente de las contribuciones, como a los inversionistas por cuanto a la responsabilidad relacionada con la ejecución de los trabajos de que se trate.

Las oficinas de Viaducto Tlalpan 100, en donde se alberga el Instituto Nacional Electoral, son el cuartel en el que, en lo sucesivo, deberían gestarse los acuerdos que permitan ese tránsito de la naciente democracia nacional, al gobierno maduro con participación ciudadana efectiva y bien intencionada.

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