Opinión

De pirámides y pactos

10 febrero 2014 5:19 Última actualización 21 agosto 2013 5:16

 
Abraham Nosnik O.
 
 
Para Peter F. Drucker (1909-2005), el proyecto que ha demandado mayor coordinación, y por lo tanto, destaca como uno de los mayores esfuerzos de administración humana es la construcción de las pirámides de Egipto. Ese extraordinario logro se cumplió por medio de un sistema esclavista. Drucker explica que dicho sistema es, además de inmoral, retrógrada en términos de productividad, pues no diferencia ni aprovecha los talentos de la fuerza de trabajo. Generalmente, los esclavos no son asignados a tareas por sus respectivas habilidades o conocimientos, sino por su capacidad y resistencia físicas. En México estamos, una vez más, en el proceso de construir nuestro futuro. Desafortunadamente como casi siempre, este proceso está permeado por el escepticismo que a ratos se manifiesta como cinismo; la defensa de los intereses legítimos de los actores políticos, económicos y sociales; la presión de los poderes fácticos (es decir, los mismos actores en su vertiente ilegítima y fuera del marco institucional, y otros grupos más) y la lucha de poder y competencia de sectores cuya racionalidad, ecuanimidad, análisis y acciones inteligentes constituyen la dimensión progresista y esperanzadora de nuestro país. Esto sucede desde siempre y esto sucede en todas partes. Sin embargo, no siempre existen “ventanas de oportunidad” que definen espacios de comunicación y acuerdo entre los más poderosos para beneficio del resto de la sociedad. Sea porque las reservas probadas de petróleo no son ya tan abundantes; sea porque el desprestigio de los partidos políticos los anima a ser menos egoístas y un poco más visionarios y cooperativos; sea porque, a diferencia de los dos sexenios anteriores, el partido en el gobierno tiene más experiencia y astucia en el manejo de sus operadores políticos; o porque, aunque muy tímidamente, la sociedad civil estamos organizados para hacer llegar, poco a poco, nuestra voz a las autoridades y la opinión pública; el hecho es que, al igual que la construcción de una pirámide, los protagonistas del poder político enfrentan un nivel de complejidad notable para el logro de acuerdos que destraben problemas estructurales y mitos ancestrales (por ejemplo, ¡el mito de salvar a la Patria y el que siempre le acompaña: que una sola persona puede salvarla!).
 
 

Sin la disposición para buscar y defender las verdades que puede demostrar de la manera más honesta intelectual y materialmente (es decir, con el auxilio de la ciencia, la técnica y la tecnología de vanguardia), la sociedad no puede avanzar. Ni siquiera puede aprovechar lo que de hecho conoce, como ha mostrado George Soros en sus libros.
 
 

El egoísmo y la voracidad de los partidos políticos es un hecho conocido, debatido y documentado. Su desprestigio también lo es. Pero es lo que tenemos y es un reflejo de nuestra cultura. Es lo que somos y debemos reconocerlo. Nuestra pasividad y conveniente ignorancia de lo que sucede a nuestro alrededor se pueden resolver inicialmente con un acto de autocrítica. Sin ella, seguiremos quejándonos y practicando un deporte colectivo donde los mexicanos sí destacamos: ‘victimizarnos’.
 
 

Tres ideas para terminar. Primera. George Soros expresa una relación interesante que explica el desarrollo de las sociedades (Ver “Tiempos inciertos”, Debate, 2006). Afirma que tanto la autocrítica como una correcta teoría del conocimiento presionan a que la sociedad (cualquier sociedad, toda sociedad) se abra y se enfoque a su mejora; al abrirse, la sociedad presiona a su población a ejercer su propia (auto)crítica y, colectivamente, permanecer cerca de la verdad para aumentar la calidad de vida de todos y disminuir la violencia social. Es decir: todos somos responsables de la apertura de nuestra sociedad, así como de anclarnos en la busca de la verdad y establecer estándares de convivencia de acuerdo con ella para evitar regresiones.
 
 

Segunda idea. Peter F. Drucker nos hizo notar en sus escritos que la responsabilidad social inicia con cada uno de nosotros, haciendo correctamente lo que debemos hacer y procurando hacer lo correcto.
 
 

Tercera idea. El Pacto es la versión más reciente de la construcción de la pirámide del futuro de México. Su éxito y su fracaso significarán, como siempre, la grandeza y la miseria de todos los mexicanos, no sólo de sus protagonistas. Si el Pacto por México es, por lo pronto, una apertura mínima y tímida de nuestro sistema, este proceso requiere (como todos los procesos de desarrollo de México lo requieren) de nuestra honestidad y de la apertura de nuestra sociedad que cree condiciones de acceso a oportunidades de mejora tales que nuestros vicios individuales y colectivos queden reducidos a su mínima expresión. 
 
 
Profesor Investigador del CADEN, Facultad de Economía y Negocios, U. Anáhuac México Norte.