Opinión

De Oportunidades a Prospera: retos para la inclusión financiera y económica de los pobres

 
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Pobreza (Cuartoscuro)

La superación de la pobreza no es una cuestión que afecte a 53.3 millones de mexicanos y que podamos seguir mirando de lejos como un problema que el gobierno va a resolver en algún momento. La pobreza en México es un foco rojo que está condicionando la viabilidad del país, como lo muestra el reciente estudio de Oxfam sobre la Desigualdad Extrema en México. En ese estudio se muestra que el problema de la pobreza y la desigualdad extrema no son asuntos que coexisten con el resto de la sociedad mexicana no-pobre y no-vulnerable, sino están identificadas como causas del bajo crecimiento del país.

Con este escenario sombrío, la solución no se limita a estartegias para redistribuir la riqueza y reducir desigualdad; el problema se extiende en hacer más grande el tamaño del pastel con la participación de más mexicanos, porque entre más tiempo pase bajo las condiciones actuales, el tamaño de nuestro pastel cada día se hace más pequeño.

Ante esta situación el giro de política pública en OPORTUNIDADES para transformarlo en PROSPERA, reconoce la inviabilidad de superar pobreza sólo con transferencias de dinero para apoyar el desarrollo humano y plantea un NUEVO ENFOQUE, donde las transferencoas condicionadas son vinculadas con inclusión fianciera y desarrollo económico, convirtiendose en una oportunidad para redireccionar el rol del Estado en la superación de la pobreza y la desigualdad social.

Una primera apuesta del gobierno actual ha sido la transformación del programa de transferencias condicionadas Oportunidades en Prospera-Programa de inclusión social, en el cual, además de las transferencias al ingreso se propiciará la inserción de la familia a otros programas de subsidio con menor perfil asistencial y más orientados hacia la formación de capacidades, la puesta en marcha de actividades generadoras de ingreso y la inclusión financiera.

Ambos temas, la generación de ingresos y la inclusión financiera tiene referentes prácticos exitosos en contextos de pobreza rural en México; la organización de muy pequeños productores de café orgánico en Chiapas, Oaxaca y Puebla; la agroforesteria con retención de carbono en Chiapas o las cajas solidarias y microbancos rurales de Oaxaca, Puebla e Hidalgo por mencionar algunos casos.

La experiencia también se puede recabar desde programas bien diseñados como el PESA (Proyecto Especial para la Seguridad Alimentaria), PATMIR (Programa de Asistencia Técnica al Microfinanciamiento Rural), PCS (Programa de Coinversión Social) o el Financiamiento para vivienda social de CONAVI. En los que se demuestra que cuando los incentivos están alineados para que concurra el esfuerzo tripartito entre gobierno, sociedad civil y beneficiarios, no sólo los proyectos potencian su alcance, sino que generan efectos multiplicadores en otros terrenos del desarrollo social y económico, ya sea generando empleo, abriendo nuevos nichos de negocio y en última instancia, provocando una mayor capacidad de consumo y menor dependencia de los subsidios asistenciales.

El problema no es si se puede o no se puede lograr esa estrategia, sino que no existe una cultura de diálogo y convergencia entre el gobierno y la sociedad civil. Tal pareciera que nuevamente el gobierno quisiera hacer el giro de política solo y reinventarse, ante lo que se presenta como el clásico dilema de la convergencia interinstitucional, en el cual las funciones y los programas que se pretenden integrar están ubicados en aparatos institucionales diferentes, cada uno operando bajo una lógica y objetivos distintos, haciendo previsible la no-concurrencia y la no-integralidad de los apoyos que canalice el gobierno. En este enfoque por cuestiones burocráticas, las partes de una solución se gestionan en forma separadan sin convergencias ni sinergias reduciendo el impacto de la acción pública.

A pesar de esa situación general, y a contracorriente, han crecido redes de productores de café orgánico, quienes al ser “no bancarizables por los bancos tradicionales”, han generado sus propias cooperativas financieras y se han insertado a cadenas de valor, de mercado justo y orgánico; como en muchas otras ramas de producción. Un gran numero de mujeres cafetaleras reciben oportunidades-prospera y participan como ahorradoras en Cajas y microbancos; solicitan prestamos que pagan cuando llegan los subsidios. Estas experiencias muestran que la gente pobre, puede salir definitivamente de la pobreza y participar en el mercado, con inclusión financiera y con modelos de desarrollo sostenibles a largo plazo, en los que se detona desarrollo local, un mercado endógeno, ingreso y empleo permanente para las familias.

Desde la sociedad civil sabemos que para que Prospera sea una verdadera transformación no sólo debe pensar en proyectos productivos y acceso a servicios financieros, sino cómo estos se pueden integrar en un desarrollo territorial, de mercados locales y de convergencia. Existen experiencias exitosas y replicables en las que ha podido converger una parte productiva.

Si bien la fórmula de éxito no es unívoca y no la tenemos asegurada, lo que sí podemos preveer es que nunca se dará una disminución de pobreza, mientras no exista diálogo, confluencia y mayor involucramiento de la sociedad civil en el diseño e implementación de la política de desarrollo.

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