Opinión

De Nixon, ¿a Trump?

 
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dólar

Se dice que en México tenemos un gran problema porque la deuda como porcentaje del PIB subió de 37 a 50 por ciento. Las calificadoras nos ponen en perspectiva negativa. Por otro lado, en el mundo la deuda no ha dejado de crecer.

Según estadísticas compiladas por el Bank for International Settlements (BIS), la entidad global de pagos conformada por los bancos centrales, en una muestra de más de 30 naciones desarrolladas y emergentes (que incluye a México), el mundo tiene una deuda equivalente a 210 por ciento de la riqueza producida. Desagregada, la deuda de las familias representa hoy 50 por ciento del PIB mundial, la de los gobiernos es cercana a 75 por ciento y la de las empresas supera el 100 por ciento del producto global.

Las tasas tienen niveles exageradamente bajos en estos momentos y, a medida que ellas se han ido reduciendo, dice también el BIS, el mundo se ha lanzado a una carrera por tomar más deuda. Los problemas comenzarán cuando las tasas de interés empiecen a crecer.

Estados Unidos, por supuesto, también viene elevando su deuda. Con Obama pasó de nueve billones a 20 billones de dólares, y no parece tener modo de detenerse. Pero la situación es peor: si se incluye la deuda privada, esta llega a los 66.5 billones (trillones en inglés) de dólares, o sea más de 350 por ciento del PIB.

Hay una corriente que dice que a Estados Unidos no le pasará nada por tener una ventaja inigualable: es el emisor de dólares, la moneda de referencia de valor y de la mayoría del comercio internacional. Por ende, puede imprimir sin límite su moneda, sin problemas, pues el mundo pagará la cuenta.

Algo de eso sucedió ya. Cuando en 1960 el ministro de Finanzas de Francia, Valéry Giscard d’Estaing, cuestionó el sistema financiero asimétrico nacido con los acuerdos de Bretton Woods y usó el término “privilegio exorbitante” para definir el modo en que Estados Unidos se beneficiaba al ser emisor global. Eso le facilitaba cierta inmunidad a una crisis de deuda. Cuando Charles de Gaulle, en 1965, anunció que quería cambiar sus reservas en dólares por oro, a la tasa oficial de cambio de Estados Unidos, el gobierno de Richard Nixon concluyó la convertibilidad oro/dólar y dejó a los barcos franceses esperando por los lingotes en el puerto. La economía global entró entonces en una crisis inflacionaria.

¿Puede esto suceder otra vez? Podría. Una masiva venta de bonos podría obligar a Estados Unidos a redefinir los términos de su relación con el mundo. Por ejemplo, si China, o los países árabes, o Japón empezaran a desprenderse, uno tras otro, de sus reservas en la moneda verde.

Quienes creen que nada de esto sucedería, debieran pensarlo dos veces. Pocos años atrás, el Partido Republicano amenazó con enviar a Estados Unidos a una crisis de impago cuando se negó a subir el techo de la deuda. Christine Lagarde alertó al mundo de que una situación así podría provocar grave daño. ¿Cuánto más se podrá endeudar Estados Unidos? El hecho de que suba sin fin la deuda puede volver a reinstalar la discusión en el Congreso, sea del color que fuere: una deuda exagerada es inestabilidad en algún momento próximo.

Las principales naciones del mundo desarrollado, como demuestra el BIS, han mantenido una tendencia creciente a la deuda. Y no hay por ahora un movimiento hacia el desendeudamiento. Ninguno de los países quiere tomar la medicina amarga. México, en cambio, está tomando cartas en el asunto. El gobierno del presidente Peña presentó el Paquete Económico de 2017, el cual cambiará la tendencia del crecimiento de la deuda. ¿Cuándo lo harán los países desarrollados?

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Twitter: @JaqueRogozinski

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