Opinión

De los anuncios a las realidades petroleras

 
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Parece que ya se está volviendo costumbre que el último año de cada Administración se anuncien grandes descubrimientos de yacimientos petroleros. Ese fue el caso del yacimiento de petróleo y gas asociado Ixachi I, ubicado en áreas terrestres en Veracruz, que dio a conocer el presidente Peña el viernes pasado. En octubre de 2012, también en el sexto año del gobierno del presidente Calderón, se anunció el “gran” yacimiento Supremus I en aguas profundas del Golfo de México, que supuestamente tendría entre 4 y 10 mil millones de barriles de petróleo crudo equivalente, lo que “permitiría certificar hasta 400 millones de reservas”, esto es, un tercio de la producción de Pemex en ese entonces, del que hasta ahora se sabe muy poco. Por ello, para el nuevo descubrimiento conviene contrastar los anuncios de las realidades.

Los anuncios. Ixachi “es el descubrimiento terrestre más importante de los últimos 15 años” y es un yacimiento que, según estimaciones de Pemex, tiene 1,500 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, de los cuales 60% serían de gas natural y 40% de crudo ligero, el de mayor precio en el mercado. Ello podría agregar hasta 350 millones de barriles a las reservas 3P (que suman las probadas, las probables y las posibles). Además, tendría costos de extracción de bajo costo tanto por la experiencia de Pemex en áreas de tierra como por la presencia de infraestructura ya instalada en la región. En palabras del presidente Peña, el yacimiento “hace más rico a Pemex” y “será un Pemex mejor evaluado” —es de suponerse que por las calificadoras y los mercados financieros— y, por tanto, será un “Pemex que valga más con una deuda de menor riesgo”. Posteriormente, el director General de Pemex señaló que el gas obtenido del Ixachi podría coadyuvar a abastecer el sureste del país, donde actualmente se enfrenta una escasez severa. A ver si es el caso.

Las realidades. Más allá de las proyecciones de Pemex sobre el potencial del yacimiento —es usual que se sobreestimen los cálculos iniciales, ya que se requieren diversos estudios de delimitación del tamaño y contenido de los campos— pasar de reservas posibles a probables y a probadas (con factibilidad real de explotación comercial) es un camino muy largo y que tiene que pasar por certificaciones de auditores especializados independientes. Como todos los resultados operativos de la empresa en los últimos años, los nuevos descubrimientos de reservas 3P han ido dramáticamente a la baja: de 1,731 millones de barriles en 2012 a sólo 684 millones en 2016 y ahora a los 350 millones en 2017, lo que implicó que la tasa de restitución de reservas (lo que se descubre a las tasas actuales de extracción de petróleo) se redujera de 87% en 2013, es decir ni en ese año se reponía en reservas lo que se consumía de petróleo, a menos de 50% en 2016 y previsiblemente 2017.

Con ello, las reservas probables pasaron de 45 mil millones de barriles en 2013 a 25 mil millones de 2017 y las probadas de casi 28 mil a menos de 10 mil millones en ese periodo, los peores niveles en décadas. La causa: los bajísimos niveles de inversión de la empresa en materia exploratoria; y en todo lo demás, ya que en este año se ha registrado la menor inversión productiva en la historia reciente de la empresa. En cuanto a los “bajos costos” para explotar el yacimiento, además de la restricción presupuestal de Pemex, y si bien pozos terrestres requieren menores recursos financieros que los marinos, habrá que considerar su complejidad y viabilidad (los yacimientos de Chicontepec en tierra resultaron terriblemente complicados). Ya lo señaló el director General de la empresa: “si las cosas se complican habrá que asociarse”.

¿Un Pemex más rico y mejor evaluado?. El cortoplacismo financiero con desastre operativo para satisfacer a las calificadoras y después, ¿qué sigue?. Ojalá y que Ixachi no corra la suerte de otros “grandes descubrimientos” que sólo se quedaron en anuncios. 

* El autor es socio de GEA Grupo de Economistas y Asociados

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