Opinión

De locos

  
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Donald Trump. (Bloomberg)

Lo que ocurre con Donald Trump es realmente de locos. Si lo que vemos fuese una novela, nadie la creería. La realidad supera con creces a la ficción, en este caso, y gracias a ello se abre todo un mundo a los novelistas del futuro.

Como usted recuerda, el triunfo de Donald Trump se debió a varios factores. Entre ellos, la poca gracia de su contrincante, pero sobre todo su manejo descuidado de información durante el tiempo que fue secretaria de Estado. Gracias al hackeo de computadoras del Partido Demócrata se conoció información que debilitaba la candidatura, y la publicación de una comunicación interna del FBI, apenas una semana antes de la elección, parece haber sellado el resultado.

Aunque después se supo que la filtración fue hecha por Jason Chaffetz, diputado por Utah, que ahora está bajo investigación, cuando Trump tomó posesión celebró mucho al director del FBI. De alguna manera se sentía en deuda con la organización. Sin embargo, poco después el director del FBI, James Comey, al testificar frente a un comité del Senado, informó que había una investigación en proceso por la relación de la campaña de Trump con el gobierno ruso. Desde mediados de 2016, gracias a la vigilancia que se tenía sobre bancos rusos en Estados Unidos, se detectó intercambio de información que disparó una investigación, misma que sigue en curso.

Muy poco después, Trump invitó a cenar a Comey para exigirle lealtad, a lo que Comey se negó. Trump cambió de parecer con respecto al funcionario y procedió a pedir a sus colaboradores que buscaran cómo despedirlo. El secretario de Justicia (fiscal general) y su adjunto elaboraron un memorándum criticando la actuación de Comey cuando se hizo pública la información de los correos electrónicos de Hillary. Es decir: Trump despidió a Comey por la misma razón por la cual lo había festejado cien días antes. Puesto que esto es absurdo, la opinión pública no lo creyó, y Trump se sintió obligado a decir que, en realidad, lo había corrido porque quería, y que eso había sido una excusa. Es más, dijo que ojalá no hubiera una grabación en la cena aquélla con Comey, porque sería evidente que el director del FBI era un mentiroso.

Pero al día siguiente de despedir a Comey, Trump recibió en la Oficina Oval al embajador ruso (que es el jefe del espionaje ruso en Estados Unidos) y al ministro de Relaciones Exteriores de ese país. Fue una reunión en la que no hubo prensa estadounidense, pero sí rusa, y los miembros del servicio secreto fueron retirados de la oficina. Ayer, el Washington Post informó que en esa reunión Donald Trump dio información clasificada (es decir, más que confidencial) a Rusia.

Unos pocos datos más: el consejero de Seguridad Nacional que Trump nombró al inicio de su gobierno, Michael Flynn, fue despedido y está ya bajo investigación de un Gran Jurado por posible traición. La fiscal general que hizo saber a Trump que Flynn era agente exterior, fue despedida de inmediato. Las investigaciones de los Grandes Jurados (uno en Virginia y el otro en Nueva York) tienen citatorios para buena parte del equipo cercano de Trump. El primer jefe de su campaña, Paul Manafort, está bajo investigación del FBI y sus propiedades ya están siendo registradas. Mientras todo eso ocurre, la familia Trump ha estado muy activa ampliando sus inversiones en países con los que el presidente busca relaciones cercanas.

Por eso China y Rusia se sienten libres para actuar. Aunque corren el riesgo de hacerlo demasiado rápido, como platicaremos pronto.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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