Opinión

De lo público a lo privado: el caso de la Educación Superior en Iberoamérica

Los días 28 y 29 de Julio se llevó a cabo, en Río de Janeiro, el III Encuentro Internacional de Rectores auspiciado, principalmente, por el Banco Santander. El lema del encuentro fue: “Una Mirada desde Iberoamérica” (www.universiario2014.com)

A este encuentro acudieron 1,103 rectores y representantes de redes universitarias y organizaciones relacionadas con la educación superior, de distintas partes del mundo. De hecho, puede afirmarse que este fue un encuentro mundial de universidades y sus representantes.

Por muchas razones, fue un evento singular. El Banco Santander hizo un esfuerzo, con logros palpables, de ofrecer un programa que atrajera la atención de los participantes. Temas como la relación de las universidades con su entorno, con las empresas, con los temas de la sustentabilidad, la internacionalización, entre otros, estuvieron en la agenda. Una primera mesa moderada por el Rector de la UNAM, Dr. José Narro, fue particularmente atractiva porque ofreció la oportunidad de escuchar a rectores de universidades relevantes en el mundo (Oxford, Yale, Heilderbeg, Singapur), conocer su visión acerca del papel que deben jugar las universidades en los años por venir, así como las implicaciones que este puede implicar en su concepción y organización. Habría que lamentar que los organizadores no previeron la oportunidad de dar mayor espacio a esta discusión.

Pero hay asuntos que ocurrieron en el Encuentro, que conviene comentar, por sus implicaciones al futuro. En primer lugar, es de llamar poderosamente la atención que es una entidad privada, y nada menos que un banco, quien tiene la capacidad de convocar a tan importante número de autoridades universitarias. La experiencia dice que en América Latina, y probablemente en otros ámbitos del globo también, deben ser los gobiernos o los organismos multinacionales de integración o cooperación, quienes pueden hacerlo y el interés de lograrlo. Puede resultar una versión ya en desuso esta concepción de la gobernanza educativa, pero de cualquier manera no termina de asombrar que este tipo de reuniones estén ausentes actores como la OEA, UNASUR, la UNESCO, o un gobierno interesado en ampliar su modelo de política pública. ¿Será que no les interesa suficientemente a los gobiernos y organismos multilaterales de cooperación el futuro de la educación superior? ¿Será que no es prioridad fijar una agenda estratégica y plausible para la educación superior en la región? ¿Será tal vez porque al carecer de un rumbo claro no se visualiza el papel que pueden y deben tener las universidades? O incluso, en el peor escenario, no desean que las universidades se involucren en esas tareas.

Pero otros asuntos son también interesantes. El que convoca y organiza tiene muchas posibilidades de proponer y lograr el acuerdo de una agenda: esta ocasión no fue la excepción. El Presidente de Banco Santander y Universia, Emilio Botín, al final de la reunión propuso la firma de “La Carta de Río”. Ese documento propone una serie de líneas de acción que, sin duda, marcarán el rumbo de los quehaceres universitarios en los próximos cuatro años, si no es que más. En este documento, seguramente concertado con varios rectores invitados, se enlistan una serie de acciones donde varias de ellas son importantes y atinadas. Otras, en cambio, abren un espacio de discusión que, por su carácter polémico, merecen un análisis específico en cada contexto nacional. Por ejemplo, la naturaleza de la vinculación universidad-empresa que se propone como una actividad primordial en la relación entre universidad y entorno social. Aunque sería desatinado pensar que las universidades no deban y puedan relacionarse con las empresas, en este tema algunos detalles es conveniente definirlos ¿En qué condiciones institucionales deben vincularse las universidades con las empresas? Esta es una interrogante, entre muchas, que merece atención cuidadosa . ¿Es provechoso, per se, que las universidades se conviertan en socias de las empresas? ¿Corresponde a cierto tipo de universidades?

La agenda se complementa con recursos. El Director de Santander anunció que los 500 millones de euros que ha aportado el banco pasarán, para el periodo 2015-2018, a 700 millones de euros. Santander da, en términos populares, “el remedio y el trapito”.

Las universidades necesitan recursos para hacer su trabajo y, parece, sobre todo en el caso de las universidades públicas, que los estados nacionales no están proveyendo lo suficiente. Y si el Estado no lo da, hay que tomarlo de dónde se ofrezca, aunque eso pueda significar sacrificios de diversa índole: crear un nuevo arco institucional de los acuerdos entre sector privado, universidades y políticas públicas, se revela como una tarea sustantiva para convenir en trayectorias de desarrollo con un enfoque social cualitativo.

La globalización está cambiando muchas cosas y, en muchos casos, para bien. Pero, ¿tendremos que llegar al punto de aceptar la preminencia de lo privado, incluso en la educación, para decidir quiénes y cómo queremos ser?¿O procuramos una alianza de propósitos salvando intereses en la esfera de autonomía que la sociedad los ha colocado? Esta discusión, recién inicia, pero seguramente será sustantiva para las organizaciones universitarias, a nivel nacional y regional. El mundo se mueve muy rápido, pongamos atención en ello…

Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM

Correo:semerena@unam.mx