Opinión

De la vista gorda

 
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[Bloomberg] El FMI espera que América Latina y el Caribe crezca un 3.5% este año. 

Como todos los años, la semana pasada el Fondo Monetario Internacional (FMI) dio a conocer los resultados de su evaluación anual de la situación y las perspectivas de la economía mexicana en 2015. Tal vez, uno de los contenidos más interesantes e importantes de dicho informe es el anexo sobre la sostenibilidad de la deuda pública mexicana, que ofrece una visión clara y un tanto más realista del estado de las finanzas públicas y la evolución del endeudamiento gubernamental. Sin embargo, en esta ocasión el FMI ha evitado hablar claramente de lo que significa el cada vez mayor endeudamiento público y de las implicaciones que ello tiene sobre el grado de solvencia del gobierno mexicano.

El FMI empieza dicho apartado reconociendo que se equivocó en la estimación de la evolución de deuda pública bruta como porcentaje del PIB para el 2015. Su estimado pasó de 48.9 por ciento del PIB, que se hizo el año pasado, a uno de 51.9 por ciento que estima ahora.

Según su propia explicación, ello obedeció a que sobreestimó el crecimiento del PIB; subestimó la depreciación del peso con respecto al dólar; subestimó el aumento de las tasas de interés; y, lo que es más preocupante, subestimó el crecimiento del déficit fiscal, en particular del déficit primario.

Sin embargo, esto no es lo más importante. Lo verdaderamente relevante es lo que significa que el sector público mexicano se siga endeudando y las implicaciones que ello tiene sobre el grado de solvencia del país. En tal sentido, da la impresión que el FMI deliberadamente evita hablar del tema, al concentrarse en tratar de entender o de justificar por qué falló y no en evaluar el significado de un mayor endeudamiento público y el que éste haya rebasado la barrera del 50 por ceinto del PIB que él mismo inventó o creó.

Al respecto, el año pasado, al tratar este tema el FMI señaló que “se espera que la deuda pública bruta de México alcance el 47.8 por ciento del PIB a fines de 2014, manteniéndose por debajo el 50 por ciento del PIB que exige mayor control de acuerdo con los nuevos criterios de sostenibilidad de la deuda pública en países emergentes”.

De acuerdo a tales criterios, una cifra de la razón de la deuda pública al PIB superior al 50% eleva fuertemente la probabilidad de que ésta aumente rápidamente debido a que se exacerban los efectos negativos que pueda generar la materialización de algunos riesgos sobre las finanzas públicas. Entre los más importantes pueden mencionarse los efectos negativos sobre las finanzas de un menor crecimiento económico, una menor inflación, el deterioro del déficit primario del sector público, la depreciación del tipo de cambio y un posible incremento de las tasas de interés tanto en Estados Unidos, como en México. Todas estas variables tenderán a incrementar el déficit fiscal y, por tanto, la deuda pública.

Sin embargo, este año, el FMI inició dicho anexo afirmando que “se espera que la deuda pública siga siendo sostenible dados los aumentos proyectados en las tasas de interés y una moderada recuperación de la economía en el mediano plazo. En el escenario base se espera que la relación deuda pública al PIB descienda a alrededor del 50 por ciento en 2020, desde el nivel actual del 52 por ciento”.

Es decir, que ya no importa que la deuda pública como porcentaje del PIB haya superado la barrera del 50 por ciento, como se decía el año pasado. Ahora, lo importante es que dicha relación va a ir bajando poco a poco en los próximos años, de modo que en el 2020 podría ubicarse cerca de 50 por ciento. O sea, no importa lo que está sucediendo con el endeudamiento público. Lo verdaderamente importante para el FMI es lo que va a suceder con éste en el futuro. Pero más aún, lo que va a suceder con base a proyecciones que el propio Fondo reconoce que no son para nada certeras.

¿Qué esperar? Seguirá aumentando la deuda pública, mientras los encargados de controlar su evolución voltearán a mirar hacia otro lado.

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