Opinión

De la crisis a la oportunidad

 
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mujeres

Dicen por ahí que cada crisis representa una oportunidad. Quizás así sea, aunque también cabe la posibilidad de que sólo se trate de una frase prefabricada que funciona como herramienta de relaciones públicas o de discursos optimistas pero huecos.

Hoy México vive sus propios problemas y el embate de una tormenta que viene de fuera. Vemos a Trump y su desprecio por todo lo distinto a él como algo ajeno, como una amenaza. Sin duda lo es, pero quizás no es tan ajeno como nos gustaría creer que es.

Un día después de la toma de posesión del presidente Donald Trump, se congregaron miles de personas —millones a nivel mundial— para manifestarse y expresar que los derechos de las mujeres son derechos humanos. En pleno siglo XXI sigue siendo necesario exigirlo. La protesta surge como respuesta a la campaña de Trump, en la que puso en evidencia su misoginia y su falta de respeto más elemental hacia las mujeres, incluyendo sus hijas. Hay muchas frases célebres de este personaje en este tema, incluyendo comentarios denigrantes sobre el aspecto físico de las mujeres—incluso cuando habla de mujeres hermosas, lo hace de forma despectiva— y sobre el abuso que él se permite sobre ellas porque es rico o poderoso.

Las actitudes de Donald Trump frente a las mujeres nos han parecido escandalosas. Y lo son. Pero tal vez sea más interesante ver las actitudes de los mexicanos en el mismo tema. Sobra decir que en temas laborales, hay un desequilibrio entre los hombres y las mujeres.

43.9 por ciento de las mujeres mayores de 15 años participan en la población económicamente activa, mientras que 78.2 por ciento de los hombres lo hace. De las mujeres que trabajan, más de la mitad, 57 por ciento lo hace en el sector informal. Las mujeres dedican en promedio 49 horas a la semana a hacer trabajo no remunerado en el hogar, los hombres 20. Con datos del Inegi, por cada 100 pesos que ganan los hombres, una mujer, por el mismo trabajo ganaría 89. Casi ocho de cada 100 mujeres tienen, por increíble que parezca, que pedir permiso para votar.

Cuando vemos paneles o foros de empresarios o del sector público o incluso académico, la diferencia entre hombres y mujeres es abismal.

De 15 personas que estaban en el presídium en el evento del lunes sobre el posicionamiento de México en política exterior, sólo una era mujer.

Mucho se ha avanzado en oportunidades. No tengo ninguna duda de que las mujeres hoy estamos en un lugar radicalmente distinto al que estaban las mujeres de hace una o dos generaciones, pero el discurso machista, incluso viniendo de mujeres por contradictorio que esto suene, permanece. Aún hay padres que prefieren que sus hijas no estudien ingenierías porque son 'cosas de hombres'.

Hay padres y madres que prefieren que sus hijas vayan a colegios o universidades con menor exigencia académica, porque 'son mujeres, no lo van a necesitar'.

Para poder pensar en el discurso del presidente Trump en este tema como una oportunidad, tendríamos que empezar por vernos en el espejo.

Algo que nos ha ofendido profundamente, aunque de forma tardía, es el rechazo y la agresión hacia los migrantes. Hemos reaccionado, también tarde, diciendo que se les dará protección y apoyo en estos tiempos revueltos. ¿Cómo tratamos nosotros a los migrantes de Centroamérica?

La Encuesta Nacional sobre la Discriminación en México (Enadis 2010) muestra que 60 por ciento de los mexicanos cree que los derechos de los migrantes centroamericanos se respetan poco o nada. La Enadis pregunta a los encuestados si recibirían en su casa a personas distintas a ellos —extranjeras, de otra raza, de otra religión, homosexuales, con diferente cultura— y las respuestas son muy ilustrativas. Casi 27 por ciento de los mexicanos expresan que no recibirían en su casa a un extranjero; 24 por ciento no los recibiría si tienen una religión distinta a la suya; y si son de otra raza, 23 por ciento no les abriría las puertas de su casa. Así nuestro propio rechazo a lo diferente.

Escuchamos una y otra vez el ímpetu proteccionista de Donald Trump y el impacto que puede tener en la economía mexicana. Analizamos y expresamos las bondades del libre comercio, pero al mismo tiempo hacemos campañas de 'compra lo hecho en México' o se sugiere boicotear a empresas transnacionales.

Con esas posturas, nos va a costar mucho trabajo aprender a negociar en entornos tan adversos.

Entiendo la búsqueda del optimismo, entiendo el deseo de transformar crisis en oportunidades. Pero para que eso realmente suceda tendríamos que analizar nuestras propias actitudes, decisiones y políticas con lupa para entender dónde tenemos que empezar.

Tendríamos que estar dispuestos a cambiar.

La autora es profesora de economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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