Opinión

De la contundencia a la impotencia

El imponente portaviones francés Charles de Gaulle navega hacia el golfo Pérsico. A bordo viajan dos mil 200 marinos, 12 cazas de combate tipo Mirage avanzado llamados Rafale, nueve aviones Super Étendard, cuatro helicópteros artillados y todo esto va acompañado por una fragata de defensa antiaérea, un submarino nuclear y un refuerzo petrolero.

En palabras del presidente Francois Hollande se trata de atacar a los yihadistas de Irak “con todavía más fuerza”.

¿No es acaso una imitación de lo que hizo el segundo George Bush después del 11 de septiembre? Y… ¿a dónde ha llevado eso?

Ya el martes pasado, el primer ministro galo Manuel Valls había declarado a la prensa que Francia está en guerra, no contra los musulmanes sino contra el terrorismo, y añadió que pende una siniestra amenaza contra su nación: “Más de cinco mil islamistas que viven y radican en Europa, se entrenan para repetir y ampliar los ataques criminales que recientemente hemos vivido”.

Casi en forma simultánea, un video insólito recorría internet. Las imágenes están ahí para impresionar al espíritu más probado: un niño de diez años asesina en nombre del Estado Islámico a dos hombres que se identifican con los nombres de Jambulat Mamayev y Serguei Ashimov, supuestamente enviados por los servicios de inteligencia rusa para determinar el lugar de residencia del líder Abu Bakr. El niño espera a que uno de los dos hombres recite versos del Corán como forma de arrepentimiento y al terminar, se acerca por detrás a los hombres que están de rodillas y los mata de un tiro en la cabeza. El niño de nombre Abdalá y originario de Kazajstán afirma ser un Muyahin (guerrero santo) y pertenecer al Estado Islámico.

En Nigeria, una niña rechaza la encomienda de hacerse detonar, como ya lo hicieron otras dos menores, en un mercado de “infieles”.

¿Qué portaviones y cuántos submarinos nucleares pueden detener la profunda manipulación que se hace con niños y adultos que son conducidos al sacrificio en nombre de Alá?

Desde hace más de 20 años, diversos analistas como Samuel Huntington en su libro “Choque de civilizaciones” pronosticó que los enfrentamientos internacionales no serán más los tradicionales sino aquellos motivados por el hambre, la sed y… la religión. “Los estados nación seguirán siendo los actores más poderosos pero los principales conflictos de la política global ocurrirán entre los países con diferente civilización. Estos choques dominarán el panorama mundial y serán los frentes de batalla del futuro”. Añade: “La escala determinada por las religiones y creencias jugarán un papel sustantivo y determinante”.

Ahí están como ejemplo las guerras que desintegraron Yugoslavia, los conflictos recurrentes de Oriente Medio; los que se dan entre India y Pakistán o la guerra de Chechenia. No sólo Huntington, muchos otros argumentan que la civilización islámica aspirará a ser preponderante y junto con los valores del confusionismo asiático rivalizarán y se opondrán a la cultura occidental.

¿Ya se está dando este choque o son meras y aisladas escaramuzas de algo mayor como será el encontronazo frontal con el islam?

De lo que no hay duda es que, con valores distintos y, en ocasiones hasta opuestos, ya presenciamos un enfrentamiento que desborda los intereses clásicos como el dominio territorial y la riqueza.

A la contundencia con que obraron las fuerzas armadas en Francia contra los criminales terroristas, ¿cómo enfrentar aquellas formas de adoctrinamiento y franca manipulación que se dan no sólo en países como Irak, sino también entre nosotros cuando se buscan culpar de lo ocurrido el 26 de septiembre al Ejército mexicano y no a los verdaderos responsables, Guerreros Unidos, causantes directos del asesinato de 43 normalistas?

Twitter: @RaulCremoux