Opinión

De la cautela a la hoguera

 
1
 

 

Donald Trump. (Bloomberg)

En 1935 el jefe del Gobierno británico era Neville Chamberlain, primer ministro conservador que sostenía una postura de diálogo y negociación con Adolfo Hitler.

A pesar de que todas las señales provenientes de Alemania eran preocupantes, escalada armamentista, gobierno dictatorial de facto, disolución del Parlamento, retórica racista, invasora y belicista, Mr. Chamberlain debatía acaloradamente con sus pares en la Cámara de los Comunes acerca de diálogo, acuerdo y negociación. Una voz discordante dentro del mismo partido sostenía la postura contraria, no negociar, no dialogar, mostrar firmeza y músculo opositor. Esa voz fue la de Winston Churchill, quien sucedió a Chamberlain en la jefatura del Gobierno y el gabinete de guerra, después de la invasión a Polonia.

Chamberlain se equivocó, midió mal al orate germano, pensó que era un nacionalista ambicioso inflamado por el nazismo. Su cálculo resultó fallido y perdió su liderazgo.

La lección histórica no puede ser más elocuente en los momentos erráticos en que el presidente Enrique Peña Nieto recibe en –la casa de todos los mexicanos– al infame Donald Trump. ¿En qué momento pasamos de la cautela, la distancia molesta, discordante pero respetuosa, a la invitación a la casa?

Si bien podría ser discutible una estrategia diplomática de abrir canales de comunicación y un muy lejano entendimiento con el candidato republicano a la Casa Blanca, resulta vergonzoso abrirle la puerta, rendirnos a su agenda, darle escaparate y ventana para que diga lo que se le da la gana.

La sola imagen del escudo nacional a la espalda del candidato resulta una humillación y un acto lamentable.

No existe en la historia reciente de ambos países ninguna figura pública que haya proferido más insultos a los mexicanos. A los de allá y a los de acá, al gobierno, a los trabajadores, a los migrantes.

¿Por qué entonces la alfombra, el escaparate y el micrófono?

La poca información difundida señala que fue el propio Trump el que insistió –después de la invitación– en que el encuentro tuviera lugar esta misma semana, los días vitales, sensibles, en los que el presidente prepara y diseña el Informe de Gobierno, cuyo formato ha cambiado con los riesgos consiguientes.

Esto indica que el presidente Peña Nieto y su gobierno o la cancillería se rindieron a los deseos, la agenda, las prioridades y el calendario electoral del republicano. Trump capitalizará su visita como un acercamiento a la comunidad mexicana y mexiconorteamericana, sustentará su diluida postura de que ama a los mexicanos y los respeta por su tesón y su trabajo, pero no los quiere de inmigrantes. Nos prestamos como pobre instrumento a su estrategia electoral.

¿Y los insultos, señor presidente? ¿Y los agravios a miles de mexicanos –millones de hecho– que viven, trabajan, aportan y contribuyen a la vida y la economía estadounidense? Perdón, pero el ‘todos los mexicanos deben ser respetados’ suena tibio, frágil, débil ante un personaje que nos ha escupido al rostro por los últimos seis meses.

La errática estrategia, la equívoca gestión para el encuentro no sólo daña y perjudica la imagen y credibilidad del gobierno todo, sino que sirve a los intereses electorales del republicano. Como dijo con certeza Carlos Puig en Milenio, Enrique Peña votó por Trump. ¿Cuál es el mensaje a la señora Clinton?

Si, en efecto, nuestro gobierno es respetuoso del proceso electoral estadounidense, ¿para qué los invitamos? ¿Por qué no esperar al desenlace el 8 de noviembre y después buscar un acercamiento con el presidente electo? Más aún, ¿por qué ceder a sus fechas justo el día que anuncia su política migratoria? Le permitimos declarar que venía de discutir estos puntos con el presidente de México, sembrando la interpretación de acuerdo y beneplácito.

No sólo no se disculpó ni se retractó, sino que además refrendó su ofensivo muro dejando en el aire la precisión de quién lo va a pagar. El tuit posterior del presidente: "al inicio de la conversación le dije que México no pagaría por el muro", es como round en vestidores del boxeador noqueado: pero sí, pero sí le pegué en el segundo, aunque no se vio en las cámaras.

Donald Trump, el orate vociferante y estridente, calificado como peligro para el mundo, ignorante, insensible, torpe, belicoso, tiránico, mentiroso y misógino, recibió tratamiento de personalidad y líder respetable por un solo país en el mundo: México.

Twitter: @LKourchenko

También te puede interesar:
Jerarquía anquilosada
Buenas noticias
La encrucijada