Opinión

6 de junio de 2016

 
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Margarita Zavala.

Exactamente en cinco semanas, el lunes 6 de junio, inicia formalmente la carrera por la presidencia de la república. Ese lunes todos habremos conocido el resultado de las elecciones en varios estados.

La noche anterior se habrán revelado algunas sorpresas, quizá en Veracruz, quizá en Aguascalientes.

Pero es a partir del 6 de junio que se desvelarán con total fuerza los precandidatos presidenciales del PAN y del PRI, porque el de Morena está definido y el PRD sigue desdibujado.

Más allá de las encuestas, será a partir de ese día cuando sabremos de cada aspirante al menos tres cosas: (1) Los ejes temáticos sobre los cuales fincarán sus posturas; (2) la verdadera capacidad que tienen para conseguir apoyos de grupos amplios y relevantes –jóvenes, mujeres, empresarios, sindicatos–; y (3) los grados de libertad (y confrontación) con los que se moverán en el escenario público: en las canchas del INE y de sus partidos.

En el caso de Margarita Zavala, es previsible que levante la mano con notoriedad a partir de ese momento para denunciar falta de equidad en difusión, sobre todo por lo acaparador que resultó su presidente nacional Ricardo Anaya respecto de los espacios en radio y televisión. Pero Margarita no buscará una confrontación ni con Anaya ni con Rafael Moreno Valle, aunque este último termine triunfante en Puebla. Lo más lógico será un pacto incluyente que sume a los dos últimos ante la fortaleza que ella ha mostrado en las preferencias medidas hasta el momento.

En el caso del PRI hay una ventaja y una desventaja. La primera es que el manejo de las bases y de sus grandes grupos adscritos sigue ahí, lo que se verá refrendado en la noche del 5, cuando el partido que encabeza Manlio Fabio Beltrones salga victorioso de la jornada electoral (aunque con algún accidente). No obstante, el PRI tiene una gran desventaja: su plataforma de legitimidad para 2018 luce cuesta arriba, y si bien cada posible aspirante –Osorio, Videgaray, Meade, Nuño– puede tener cualidades extraordinarias en lo individual para armar una agenda competitiva en lo sustantivo, ninguno ha podido soltarse el grillete que implica la institucionalidad con la que se conducen en ese partido. Será sumamente atractivo ver cómo cualquiera de ellos que sea, se desmarca de conceptos que inundaron la cabeza de la gente estos tres años: corrupción, falta de transparencia, conflicto de interés…

AMLO lleva una delantera muy cómoda porque nadie se ha atrevido a tocarlo. Aurelio Nuño ha sido quizás el más confrontador en los últimos meses frente al de Morena, retándole ya por varias semanas a que dé la cara para explicar sus grotescas alianzas con la CNTE.

6 del 6 de 2016. Cinco semanas para el silbatazo inicial.

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