Opinión

5 de junio: cuestionario

 
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CDMX. (www.agu.df.gob.mx)

Sucedió lo que se temía: la elección local del 5 de junio de 2016 arrastra la palabrería hueca, mendaz, abusiva, cursilona, chabacana, enemiga de las ideas, de la partidocracia. El “habla” de nuestra subvencionada (dinero legal pero “malhabido”) clase política. Muestra de inanidad a la que termina por sumarse el cuerpo arbitral: INE, TRIFE. Pero es que, en el fondo, nada sustantivo hay que publicitar. Gato por liebre.

1ª pregunta: ¿Se trata de un auténtico Constituyente, al modo del de 1917, en Querétaro, enraizado en una revolución social?

Respuesta: en modo alguno. Un Poder Constituyente se debe a sí mismo, crea, funda, constituye. El de la Ciudad de México lo dispone, indica, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (artículo 122).

2ª pregunta: ¿Se redacta una Constitución, la Constitución de la Ciudad de México?

Respuesta: no. Si quién lo redacta no es un poder constituyente strictu sensu, no existe Constitución alguna.

3ª pregunta: ¿Se crea un nuevo Estado de la Federación?
Respuesta: no. Los Estados de la República Mexicana son Libres y Soberanos, categoría que no alcanza la reforma política de la Ciudad de México. Lo suyo es la Autonomía. De lo que se trata es de una “entidad federativa”. De ahí que su titular se llame, no Gobernador, sino Jefe de Gobierno.

4ª pregunta: ¿Desaparece el Distrito Federal?

Respuesta: no, en debida técnica. Desaparece la mención, no el contenido. Golpe nominal. Si la Ciudad de México, como se previó desde 1824, es la sede de los tres Poderes Federales, seguirá siendo, dígase lo que se diga, Distrito Federal.

5ª pregunta: ¿Regresaran los Municipios, cancelados en 1928?

Respuesta: no. Así como los Estados son Libres y Soberanos, los Municipios son (no importa que en teoría) Libres. En cambio, lo que corresponde a la Ciudad de México, son Alcaldías en vez de Delegaciones; pero ambas, a la postre, “organismos político administrativos”. Ni de chiste mini-soberanía municipal.

6ª pregunta: ¿Puede cambiarse, acto de prestidigitación, el nombre de la Ciudad de México a CDMX, o, como yo suelo decir, CDMXEXDF?

Respuesta: no. Además de las razones históricas y míticas, la Constitución General la nombra Ciudad de México. Lo de las siglas atañe a la mercadotecnia.

7ª pregunta: ¿No resulta absurdo llamara Ciudad de México al completo territorio de lo que era (es) el Distrito Federal?

Respuesta: Sí, absurdo. Hablamos de un espacio compuesto por manchas urbanas y por pueblos originarios, sí; pero también por campo, pastizales, bosques, cerros y serranías, ribazos, apenas holladas montañas y llanuras.

8ª pregunta: ¿Por qué, entonces, el Ejecutivo Federal atribuyó esta reforma política al Pacto por México, y el Jefe de Gobierno aventuró que el texto resultante podría servir de modelo a una nueva Constitución General de la Nación?

Respuesta paradójica: habrá que preguntárselo a la política a la mexicana, política electorera, la única que ha terminado por convertirse en tarea y pulsión de Poderes y Partidos. Un escenario sin ciudadanos, en que se representa el sainete “Elecciones presidenciales permanentes” (pálida sombra de lo que, verdadero drama histórico, nuestro huésped y asesinado León Trotsky, llamó “Revolución permanente”).

¿No escuchó usted el lastimero lamento del Senador Barbosa? Si el Jefe de Gobierno no es el candidato del PRD para el 2018, el PRD, ay, queda a la deriva.

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