Opinión

De huéspedes a anfitriones. La posición de México en el fenómeno migratorio

 
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Como en México, migrantes siguen las vías del tren al entrar a Macedonia, guiados por un oficial griego. (Reuters)


Por Carla Pederzini Villarreal.

La imagen de México como una nación expulsora de migrantes se fundamenta en lo que hemos vivido en una historia aún muy reciente. Se calcula que entre 1965 y 2015 más de 16 millones de mexicanos emigraron a Estados Unidos (PEW Research Center, 2015) Durante la década de los noventas la dinámica migratoria de México se caracterizó por un número creciente de emigrantes hacia nuestro vecino del Norte.

A partir del 2000 el ritmo de crecimiento de la emigración mexicana se redujo pero el volumen siguió siendo elevado, de tal manera que en 2007 el número de mexicanos en Estados Unidos alcanzó la cifra récord de 12.8 millones. A partir de entonces esta cifra ha ido en descenso, llegando a 11.7 millones en 2014. De acuerdo a un reporte emitido por el PEW Hispanic Center hace apenas dos semanas, el número total de migrantes mexicanos que ha regresado a México desde Estados Unidos después de la crisis financiera de finales de la década pasada supera a la cantidad de mexicanos que ha emigrado a Estados Unidos. El flujo neto migratorio ha alcanzado los niveles más bajos desde la década de los noventas, fundamentalmente debido a la caída en el número de emigrantes mexicanos. Sin embargo, la cantidad de mexicanos admitidos como migrantes legales no ha cambiado mucho. De aquí que la caída en el número de mexicanos que emigra a Estados Unidos se explique principalmente por la disminución en la cantidad de mexicanos que cruza la frontera sin visa. Ya desde 2009 los datos de la ENADID (Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica) mostraban que un porcentaje mayor de mexicanos estaba migrando a Estados Unidos con residencia o con permiso de trabajo.

El retorno de los mexicanos desde Estados Unidos se pudo apreciar claramente en los datos del Censo de 2010 en donde el número de personas que declararon vivir en Estados Unidos cinco años casi se triplicó con respecto a lo que se observaba en 2000. La crisis puede haber sido un factor fundamental en el retorno aunque también, el mayor énfasis en la aplicación de la ley dentro de Estados Unidos ha llevado al incremento en el número de mexicanos deportados de Estados Unidos desde 2005.

La menor salida de mexicanos, al tiempo que hay un aumento en el retorno modifica sustancialmente la posición de México en el fenómeno migratorio y significa un reto enorme para el mercado laboral que tiene que absorber a los que ya no se pueden ir, así como a los que regresan.

El hecho de que México se haya convertido recientemente en un país de tránsito para los emigrantes del Triángulo Norte de Centroamérica que buscan llegar a Estados Unidos, cruzando por nuestro país, impone un reto adicional a nuestro país. Se trata de un flujo particularmente vulnerable por las condiciones de violencia interna que están motivando la emigración y que han llevado a una alta participación de menores no acompañados en el mismo.

Adicionalmente México se ha convertido en un lugar de destino para algunos países centroamericanos. Entre 2000 y 2010 la población del Triángulo Norte que declaró residir en México se incrementó en 50% durante el período (Censos de Población de México).


La gran responsabilidad de México radica en la necesidad de congruencia entre sus acciones hacia los migrantes que cruzan por nuestro país o deciden establecerse en el mismo con lo que hemos exigido durante décadas en el trato a nuestros connacionales en Estados Unidos.

Aunque existe un grupo de mexicanos que aun cuentan con opciones de emigración hacia Estados Unidos, México ya no es el país expulsor que tenemos en mente. Ahora, las políticas públicas hacia la migración deben de tomar en cuenta la reinserción social, laboral y educativa de los migrantes de retorno y sus familias. También se deben de implementar políticas que permitan el tránsito seguro por nuestro territorio de quienes buscan llegar a Estados Unidos. Finalmente no se puede dejar de lado los retos que impone la asimilación de los nuevos grupos de personas que buscan establecerse en nuestro país.

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