Opinión

De guarura a presidente


 
Fiel a la imagen y semejanza de su padre político, Nicolás Maduro, el heredero de la presidencia de Venezuela, parece más un desequilibrado mental que un estadista. ¡Pobre país!
 
¿Cómo se atreve a decir que México aboga por un avión lleno de cocaína y, con ello, a insinuar que protege a narcotraficantes? Maduro no ha presentado una sola prueba de sus dichos, solo los restos de un avión destruido en circunstancias poco claras. Al más puro estilo chavista, sólo bla, bla, bla. Claro, es el precio de tener en la presidencia a un ignorante.
 
Existen en todo el mundo admirables casos de gente sin preparación académica que ha hecho grandes cosas. No es el caso de Maduro.
 
 
Nació el 23 de noviembre de 1962 en un barrio humilde de la capital venezolana. Apenas terminó la secundaria. Fue chofer de autobús durante 10 años, hasta que organizó, formó y dirigió el sindicato de choferes de la compañía Metro de Caracas. Según un artículo publicado en el periódico El Nuevo Día, Maduro “tuvo el mayor récord de ausencias al trabajo, justificadas con las ventajas del fuero sindical y con un supuesto padecimiento de asma”. También batió el récord de chofer “que más unidades del Metrobús ha chocado en la historia de la empresa”.
 
 
Conoció a Hugo Chávez, su padre político, estando preso por el intento de golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez, en 1992. Maduro fue activista y peleó por la liberación de Chávez de la cárcel de Yare. Luego se convirtió en su guardaespaldas. Así comenzó su vertiginosa carrera política. Fue diputado y ocupó varios cargos en el gobierno chavista. Hoy tiene a Venezuela en sus manos y al borde del caos.
 
 
¿No será que el presidente Nicolás Maduro quiere aprovechar el incidente del jet mexicano para distraer la atención de los graves problemas económicos que atraviesa su país?
 
Venezuela vive al borde del caos económico. Según el banco central, la inflación llegó al 54 por ciento, la más alta en las últimas dos décadas. El desabasto de alimentos se calcula por encima del 20 por ciento. Ya se han producido saqueos e intentos de rapiña. El gasto del gobierno va en aumento y, para enfrentar la situación, ordenó imprimir más dinero.
 
Maduro culpa de todo eso a los empresarios y emprendió una ofensiva feroz en su contra. Los acusó de acaparar productos y subir los precios como parte de una llamada “guerra económica” contra su gobierno. Ordenó el control de precios para comprar popularidad.
 
 
Decidió crear una Fiscalía Nacional y Tribunales contra la usura. Impondrá penas máximas para los delitos de estafa y especulación. Solicitó al Congreso poderes especiales para promulgar una ley que establezca “límites porcentuales a las ganancias del capital en todas las ramas de la economía” de forma obligatoria.
 
 
Pobre Venezuela en manos de Maduro.
 
 
Hasta el viernes.
 
 
Twitter: @cachoperiodista