Opinión

De encrucijadas

 
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ME. El candidato Meade.

Las generaciones se juntan cuando la adversidad arrecia, tal vez por eso el secretario Meade reunió a seis exsecretarios de Hacienda en el Salón de los Retratos de Palacio Nacional. Antecedida por nuevas querellas entre los organismos encargados de tomarle el pulso a la economía mundial y nacional, con subes y bajas sobre los rangos dentro de los cuales probablemente se moverá la máquina de la producción y el consumo, lo que seguramente privó en el convivio fue la sensación que nos embarga: todo o casi todo puede pasar en el maremágnum global y en consecuencia todo y más podrá afectarnos.

Podemos suponer que, incluso con su carga misteriosa, en la reunión se ventilaron temas como el de la terca tendencia de la producción nacional a crecer poco y menos, así como los intrigantes impactos que el descenso en el comercio mundial ha tenido sobre el nuestro, neciamente amarrado a las voluptuosidades de la economía estadounidense. En todo caso, es difícil imaginar que se haya tomado nota de la “brecha laboral” enorme que el CEESP ha calculado.

La neurótica pretensión de seguir una sola vía para desplegar el crecimiento, que se había ausentado por una década, así como tener una sola escenografía para poner en escena la “Gran Transformación” que maravilló a tantos y dejó estupefactos a muchos de sus opositores y críticos, fue el gran traspiés estratégico que ahora tendrá que enmendarse con mucha paciencia pero mayor destreza política, para que la economía pueda tomar un cauce más manejable, desde adentro, sin renunciar a la eventual recuperación de las virtuosas corrientes del comercio regional que tantos y tan espectaculares frutos rindieron. Caminar con los dos pies como decían los chinos.

Como ninguno de los asistentes al cónclave se chupa el dedo, podemos suponer que no reinó ahí satisfacción alguna y que la autocomplacencia de la que suele hacer gala el actual habitante del lado norte de Palacio quedó en reserva. La adopción, que no adaptación hecha hace ya treinta años, de una ruta marcada por las exportaciones no rindió nunca, salvo a fines del siglo y gracias a la devaluación del presidente Zedillo y el boom americano, los frutos prometidos ni esperados. Mucho menos los que esta sociedad y su pesada a la vez que harto dinámica demografía requieren.

Si hubiera que encontrar un punto de arranque, podría atenderse a la primera plana de El Financiero (14/12/16) donde aparece la “foto de familia” de los jerarcas de la política económica. Ahí se consigna y documenta el enorme fardo que representan hoy, aquí y ahora, el empleo y la economía informal. He ahí nuestra encrucijada que es a la vez nuestro doloroso telón de Aquiles.

Éste veredicto, convertido ya en juicio de nuestra historia presente, es el que debería primar en consideraciones y encuentros como el celebrado “en las alturas”. Lo malo es que tal cosa no ocurre y, al parecer, van a faltar duras jornadas de sangre, sudor y lágrimas para que pase. Si es que sucede.

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