Opinión

De cómo el PRD acabó con la izquierda

Justo en la batalla que le daría sentido político-ideológico --la reforma energética--, el amplio sector centro-progresismo-neopopulismo-izquierda aparece fragmentado e irreconciliable en sus élites.

El PRD es el responsable del fracaso de la izquierda. En 1989 recibió el registro del Partido Comunista Mexicano para reorganizar y redefinir a la izquierda socialista, pero la Corriente Democrática cardenista del PRI que fundó el PRD no fue socialista, se olvidó de la Revolución Mexicana, nunca delineó un programa cardenista y se quedó sólo como franquicia para la venta política de cargos públicos.

Por tanto, el PRD no es el partido de la izquierda. Y por ahí deberían comenzar Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador, Marcelo Ebrard, Los Chuchos y las tribus amarillas. Un partido de izquierda se define por tres características: el modelo socialista, la ideología marxista y la organización proletaria, ninguna de las cuales existe hoy en el PRD.
Por eso es que el PRD debe comenzar por auto definirse: es un partido neopopulista, progresista, democrático-burgués, caudillista y oportunista. De los cinco liderazgos identificados, sólo Cárdenas es el que podría portar una definición ideológica pero han pasado veinticinco años y todavía es inexistente el proyecto cardenista que en la versión le dio sentido ideológico a la Revolución Mexicana.

El PRD no ha hecho más que multiplicar el principal problema heredado del PCM: su inexistencia --en lenguaje del ensayista José Revueltas-- como vanguardia del proletariado. En 1962 Revueltas escribió Ensayo sobre un proletariado sin cabeza que hoy podría aplicarse, punto por punto, al PRD: un partido sin ideología, sin estructura proletaria y dominado por la ambición de los cargos públicos.

En 1982, en Dialéctica de la conciencia, Revueltas acuñó un término para definir la confusión ideológica del PCM, aprisionado entre el peso político de la Revolución Mexicana y el comunismo soviético: la “locura brujular”, una brújula cuya flecha da vueltas y vueltas sin identificar el norte ideológico, producto de “grupúsculos marxistas” o del “marxismo vulgar”.

La reorganización del PRD debería iniciarse con una redefinición ideológica: izquierda significa socialismo, y si los perredistas le tienen miedo a la palabra, entonces deberían ya reconocerse como partido progresista o populista socialdemócrata y no seguir pervirtiendo el concepto de izquierda.

A partir de Revueltas, un partido de izquierda debería ser socialista y operar como vanguardia del proletariado, de los trabajadores organizados como estructura opositora al capital; no hay de otra. Y puede hacerse dentro de los espacios del socialismo democrático, legal, electoral.

Pero la falta de ideología de izquierda ha dañado las tareas del PRD. Una izquierda en el poder debe representar al proletariado. Lo escribió Revueltas en 1958: la única forma de modificar la correlación productiva era el ascenso de la clase obrera al poder y “la única clase llamada a hacerle al gobierno revolucionario una concurrencia política es aquélla que también viene a ser la única que puede hacerle concurrencia económica a las clases poseyentes que el gobierno y su partido de Estado representan”. Es decir, la economía productiva --trabajadores-patrones-- determina la orientación política.

Por eso Cárdenas, López Obrador y los gobernadores perredistas han sido más priístas que de izquierda. La oposición neopopulista es más bien obstruccionista de decisiones de mercado, pero sin definir una opción social. El cardenismo histórico era la última oportunidad para la izquierda --el PRD como heredero del PCM--, pero al perredismo le ganó la ambición de los cargos públicos y ahí se empantanó.