Opinión

De cabildeo y política

 
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Rubén Espinosa.

La causa de la muerte de Rubén Espinosa Becerril y cuatro mujeres en un departamento de la colonia Narvarte, DF, aún se investiga. Puede o no estar relacionado con su actividad periodística. Estos asesinatos vuelven a poner en la agenda la protección a periodistas y a la libertad de prensa; y el avance del narcotráfico y su poder corruptor para perpetrar fugas, venganzas, tráfico de personas y robo de gasolina en ductos de Pemex.

Sea cual sea el móvil, el resultado es terrible y causa temor por los antecedentes de periodistas asesinados. Derechos Humanos solicita se agoten todas las líneas de investigación. El Congreso pide se investigue a fondo. Hay pistas sobre los perpetradores del multihomicidio. Pero hay que destacar que hoy los periodistas en México enfrentan graves problemas para el libre ejercicio de su profesión, cuando incursionan en temas de cacicazgos y de narcotráfico.

Antes el problema de la prensa se centraba exclusivamente en la censura o la autocensura ante el gobierno o caudillos regionales. La democracia rompió candados, la nuevas tecnologías destruyeron barreras, la competencia está abriendo más opciones; cambió el mundo de la comunicación con las redes y el concepto de lo público y lo privado. Pero en muchas regiones aún se ejerce el control a través de la publicidad o las dádivas a periodistas y medios que informan sólo las versiones oficiales. Funciona el binomio de medios y poder político.

Las cosas con el narcotráfico se complicaron. Quienes cubrían la nota roja empezaron a percibir que asesinatos y secuestros tenían relación con las disputa de mercados entre cárteles de la droga. La denuncia a muchos les costo la vida. El narco empezó a invadir la esfera social al reclutar a desempleados no capacitados, a jóvenes y amas de casa. Contrató contadores y sofisticó sus métodos de lavado de dinero involucrando redes de profesionistas. Reclutó militares en sus bandas y empleados de Pemex para el robo de combustibles. Incursionó en alianzas con políticos, como el caso de Iguala o de Michoacán, muchos otros alcaldes y legisladores, así como con servidores públicos y sus familiares.

Uno de los frenos a la inversión en el país es precisamente la inseguridad. Los periodistas son las primeras víctimas, pero hay tantas que es difícil tener un padrón de desaparecidos. Fosas clandestinas surgen en diversas regiones, no hay capacidad para identificar a tantos cadáveres. En resumen, la muerte de Rubén Espinosa nos recuerda esta penosa parte de la realidad nacional. Por eso ofende.

La economía no crece lo suficiente. EPN tiene razón al afirmar que México, por sus fortalezas y políticas, ha sido menos afectado que otros países en la crisis internacional. Pero no es suficiente haber logrado reformas de gran calado ante una situación tan incierta a nivel mundial, no sólo en el ámbito petrolero, sino en los flujos de inversión. Pese a las críticas, se mantiene la reforma educativa y la política social avanza en la focalización y combate del hambre y la pobreza. Se canalizan de mejor forma los recursos por la Sedesol y Rosario Robles no cesa en el esfuerzo. Sin embargo, el bajo crecimiento arroja una oleada de pobres y de más carencias. No hay acceso de una gran parte de la población a la seguridad social, a la educación de calidad y a los servicios de salud pese a los esfuerzos realizados.

En estas condiciones, se acumulan rezagos frente a avances importantes, pero insuficientes. Hay que repensar el gobierno y las políticas públicas basadas en una real participación social y comunitaria. Los niveles de bienestar no se refieren sólo a ingreso, incluyen los entornos, y en donde hay organización social para actividades sociales, deportivos, culturales, educativas, de crianza, hay una mejor sociedad. Pero a veces el miedo paraliza a los servidores públicos, temen al rechazo y a la crítica, y para no correr riesgos, prefieren eludir responsabilidades y acallar voces.

Los cambios o enroques en el gabinete de EPN son esperados. Importan los nombres y trayectorias, pero sobre todo urgen cambios en políticas públicas que eleven calidad de vida mediante organización comunitaria, sin temor a que se escuchen las voces. De hecho es el ingrediente que falta para la prevención del delito, de las adicciones, de la inseguridad, de la improvisación y la ineficacia. El gobierno en solitario no puede avanzar, mientras el narco teje redes sociales cada vez más amplias.

Twitter: @Rosariodf

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