Opinión

De cabildeo y política

Hoy es Nochebuena y mañana Navidad, sirvan estas líneas para desearles a todos que la paz y la armonía reinen en sus hogares, recobremos valores, proyectémoslos hacia nuestras familias y compañeros de trabajo, construyamos un mejor entorno para nuestros hijos y confiemos en que aún hay esperanza de recuperar la justicia sin sacrificar las libertades en nuestro país. Hagamos bien lo que nos corresponde, cumplamos de forma cabal y evitemos recurrir a malas prácticas para librar alguna multa o infracción. Sólo se construye con el ejemplo, la palabra se pierde en el viento, no así la conducta que forja nuestro ser día a día.

Enfrascada en las reflexiones navideñas me parece que pese a críticas, el Pacto por México resultó un reencuentro de causas y destino común. Tras años de discusiones pasaron a la acción, no se concretaron todos los acuerdos, pero se avanzó en un proceso de conciliación y acuerdo nacional. Fueron casi dos años de negociaciones, todos los actores pagaron costos, y cuando por fin se concretaron reformas, surgió de nuevo el México negro. La violencia y la impunidad, la corrupción y el narcotráfico mostraron un rostro monstruoso. Ha sido un año de altibajos, apenas a principios de año se festejaban reformas y se veía con optimismo el porvenir.

El desplome de los precios del petróleo, el alza del dólar, un pobre crecimiento económico han mellado los resultados favorables de lo que se pensaba sería la entrada de inversión y tecnologías al país. La masacre de Ayotzinapa, aún sin resulver, mostró la red de complicidades entre autoridades, narcotráfico y sociedad, frente a instituciones rebasadas para hacer justicia y brindar seguridad, obligación primordial del Estado. Los escándalos en torno a contratistas de obra pública que financian a la esposa del presidente y al secretario de Hacienda en la compra de sus propiedades, terminaron por desacreditar el liderazgo nacional tan necesario para enfrentar monopolios públicos y privados que hoy se transforman. De ahí los señalamientos de Aurelio Nuño como orador en acto oficial. Empero, estamos sin duda ante una tormenta perfecta, sin alternativas en el corto plazo, sobrellevando el vendaval.

La apuesta al fracaso que realizó AMLO le ha sido útil, su partido crece en preferencias electorales, mientras en el PRD y el PAN se enfrentan a graves crisis de unidad y conducción. El propio PRI, con su disciplina y verticalismo, enfrenta resistencias internas por el desplazamiento de diversos cuadros. Hay gobernadores de primera, segunda y hasta tercera clase; se refleja en los presupuestos y programas, lo que ahonda diferencias entre regiones más allá de filiaciones políticas. Pero todos sin excepción constituyen hoy la nueva clase gobernante inmersa en profundas contradicciones.

El Congreso sigue siendo centro del debate nacional y campo de acuerdos y de confrontaciones que marcan el destino del país. Como pintan las encuestas, no habrá mayorías parlamentarias, éstas tendrán que construirse. Nos esperan pues nuevos tiempos, donde la agenda de temas definirá alianzas. Para 2018 la figura de coalición implica una reestructuración del poder político por cuotas y acuerdos partidistas que no necesariamente logrará gobiernos más eficientes, pero sí más complejos, que habrán de enfrentar la protesta social que toma las calles e impone su propia agenda.

Se avanza en la definición de un sistema anticorrupción y se presiona por la reforma política del Distrito Federal. Se vuelve a hablar de un posible extraordinario en enero, aunque febrero ya está en puerta con su periodo ordinario. Las iniciativas sobre seguridad siguen sin definiciones por las implicaciones para la autonomía municipal como principio constitucional. Lo que sí transitará es la desindexación del salario mínimo como referencia para multas y sanciones.

Estas fiestas nos obligan a reflexionar sobre nuestro propio ser y el de nuestra responsabilidad con los demás. Los invito a dejar atrás resentimientos que nada aportan. Hay sin duda muchas causas de enojo y frustración, pero México es un gran país, una de las economías más importantes del mundo. Inmersa en una crisis de violencia e impunidad, cierto, pero que continúa empujando por un mejor futuro. A todos nos corresponde, en la medida de nuestras capacidades, aportar a la solución de esta tormenta perfecta para encontrar de nuevo un mar calmo para navegar. En esta Navidad merecemos eso y muchas cosas más.