Opinión

De cabildeo y política

 
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Dos momentos, un destino. El 16 de agosto inicia renegociación del TLCAN. Y el 8 de septiembre, si no se aplaza hasta octubre, inicia el proceso electoral de 2018. Ildefonso Guajardo nombró a Kenneth Smith como jefe de la negociación técnica por nuestro país. Hombre de experiencia en negociaciones comerciales exitosas, desde muy joven ha participado en diversos procesos incluido el actual Tratado, conoce el mundo político de Washington y le conocen a él.

La agenda de las prioridades a negociar ya se divulgó ante senadores: mayor competitividad; certidumbre en inversión; fortalecer el comercio regional y mejores oportunidades para nuestra economía. México está abierto a incluir temas anticorrupción y laborales en el Tratado, así como a revisar el capítulo de solución de controversias, para mejorarlo, pero no para desaparecerlo, pues temas de dumping y malas prácticas deben encontrar opciones viables de desenlace que no escalen el problema.

Se ha dicho que la renegociación cuestiona la vigencia de nuestro modelo de desarrollo. Considero exagerada la afirmación. El TLCAN es un instrumento. Ha sido muy útil para impulsar una economía abierta a los flujos de comercio e inversión, exportadora, que ha permitido integración de cadenas productivas y la competitividad regional. Son muchos los interesados en ambos lados de la frontera en que se perfeccione y mantenga su vigencia.

Si no se logran los objetivos, podemos transitar con reglas de la OMC, porque la integración regional de procesos productivos no desaparecerá, se adecuará a nuevas condiciones. Costos habrá, sobre todo en la competitividad del bloque norteamericano frente a otras regiones. Pero la integración no se agotará, ni México cerrará sus fronteras, más bien aprovechará su tratados para conquistar nuevos mercados, socios e inversionistas. De hecho ya ha iniciado tiempo atrás este proceso, aprovechando sus fortalezas.

En cuanto al proceso electoral, el grupo Galileos convocó a un evento para analizar un frente amplio hacia el 2018. Mucho se ha criticado una posible alianza PAN-PRD cuyo objetivo se centra en conquistar el poder . Sin embargo, en el diálogo en el que participaron Manlio Fabio Beltrones, PRI; Gustavo Madero, PAN; y Miguel Mancera, independiente filo-perredista; se ahondó en reflexiones interesantes.

Coincidieron en el agotamiento del sistema de partidos, en que existe desilusión y enojo, que la gente no es considerada en las decisiones, por lo cual se requieren cambios profundos. Madero señaló que se trata de un cambio de régimen, no solo de gobierno y a tal efecto se requieren aliados, aún cuando el PAN puede ganar solo el proceso electoral. Se busca construir un nuevo sistema con mayorías electas democráticamente.

Manlio Fabio ha planteado e impulsado cambios para construir gobiernos de coalición que permitan mayorías que den estabilidad política a la alianza gobernante. De ahí que su participación en los Diálogos Galileos sea congruente. Señaló que el 2018 plantea la opción de dar un paso ordenado, de una salida reglamentaria en términos legales, para definir la gobernabilidad del país con un gobierno compartido que sea base de un régimen democrático.

Para Mancera el gobierno de coalición es una opción donde más que el candidato lo que se debe buscar es un proyecto común, que requiere de una legislación secundaria, y se debe buscar la gobernabilidad frente a otras realidades que la han perdido con fuertes costos. Rechazó la visión del agua y el aceite, aseguró se busca una transformación profunda.

Tras el análisis lo que podemos concluir es que los negociadores del TLCAN tendrán momentos críticos, complejos, para valorar unos intereses sobre otros, ubicar los mejores escenarios, privilegiar lo que más ayude a lograr objetivos de desarrollo como nación.

No será un proceso terso, habrá polémica y confrontación en ciertos aspectos, pero al final el balance que se logre es lo que abonará al futuro. Lo mismo sucede en al ámbito político, los negociadores de un frente enfrentarán descalificaciones. Al final construir es mucho más difícil que criticar. La historia está por escribirse. 

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