Opinión

De cabildeo y política

 
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INE

¡A prueba! Las protestas de Delfina Gómez a destiempo no tienen como
objetivo descalificar el proceso en el Edomex, en realidad lo que se
comunica es la desconfianza hacia las autoridades electorales. Se siembra para utilizar en su momento la descalificación del árbitro electoral por si no gana Morena la elección de 2018. Entre tanto, la renegociación del TLCAN encuadra opiniones contradictorias.

Mucho se critica al INE por el gasto, por los perfiles, por sus respuestas.
Cuando se acordó que el gobierno ya no controlara ni presidiera el órgano electoral encargado de organizar y calificar los procesos electorales, diseñar un nuevo esquema no fue fácil. La solución fue un arbitraje que las partes aceptaran. Lograrlo implicó usar un sistema de vetos. Los partidos proponen, pero para nombrar a un consejero se requiere de la confluencia de dos o más partidos. Si hay veto, no hay votos. 

Aún cuando sean propuestas partidistas hay dos condicionantes. La
relativa a la aceptación de los demás jugadores para aprobar el arbitraje, y, la contraparte de si yo hago una propuesta, al otro le corresponde una segunda postulación. Mucho se ha criticado este sistema al que se le ha denominado de cuotas, y por desafortunadas propuestas, de cuates. El método se ha hecho extensivo a los nombramientos que el Senado define.

Lo cierto es que pese a errores permite una pluralidad en el acceso a
cargos de la administración pública. Ciertamente es una pluralidad acotada a los partidos, pero los perfiles tienen su peso ya que el veto si es real. Las opciones van más allá de simpatías o filiaciones, deben cumplir con el reconocimiento de un posible desempeño no faccioso, más responsable e imparcial. Descalificar al INE es pues una estrategia hacia la elección de 2018. No abona a la certeza, ni a la cultura política.

Las decisiones que toma afectan siempre a algún jugador. El PRI hoy se siente agraviado por el resolutivo en el caso Coahuila. Tocará al Tribunal decidir si se repite la elección. Su fallo es inapelable. También sus Magistrados se nombran por el Senado.

Pero como los criterios legales a los cuales debe apagarse son más objetivos y determinados, el cuestionamiento es menor. Descalificar no abona a procesos electorales que cada vez son más competidos. Sin árbitro no hay juego democrático.

Se iniciará la renegociación del TLCAN y se han contratado expertos y
cabilderos para acompañar al proceso. Los empresarios ya se organizaron con sus prioridades. La consulta cerró ayer vía electrónica. Se elevan voces que critican el proceso. Los expertos, antes servidores públicos, son cuestionados en su imparcialidad por haber trabajado en el sector privado.

Nada más absurdo que afirmar van a privilegiar intereses de sus empleadores o clientes. No es posible hacerlo, la decisión es de gobierno e intervienen muchos actores y consideraciones. Otra descalificación se centra en que no se han hecho públicas las premisas de la renegociación, como si ha sucedido en EU.

Son procesos diferentes. Allá requieren informar a su Congreso para
iniciar negociaciones y presentar agenda. La ventaja es que ya la
conocemos. No se abordan aranceles ni cuotas, amenaza que resultaría en un rompimiento. Se incluyen nuevos temas como energía,
telecomunicaciones, aspectos laborales, anticorrupción, que habrán de
analizarse.

Dar a conocer nuestra agenda no es ni necesario, ni prudente. Los agentes que deben participar ya están en el cuarto de junto. Ya definieron sus agendas. Ya existe claridad de lo que se puede o no conceder. Hacerlo público no ayuda en el proceso de renegociación. No se trata de una negociación “en lo oscurito”. Se trata de cómo y cuando juegas tus cartas para lograr objetivos. Un acuerdo implica a las partes, no todas saldrán igualmente beneficiadas o perjudicadas, se trata de un balance favorable al país.

Los tiempos importan, no solo por los aspectos electorales en ambos
países, principalmente porque reducen la incertidumbre y sus costos
asociados. Es mejor una negociación que marche a buen ritmo a que se
torne farragosa por algún aspecto. Así que mucho por hacer está hoy en juego y hay poca comprensión del proceso. Descalificar tampoco abona.

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