Opinión

De cabildeo y política

30 junio 2017 5:0
 
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Partidos políticos.

De alianzas y coaliciones. Algunos dirán es lo mismo, pero no es igual. Como en el resto del mundo, el sistema de partidos está cuestionado, aun cuando no hay otra opción. En México la corrupción ha sido corrosiva. Nadie está libre de culpa. Hace tiempo que los pesos y contrapesos de un sistema político presidencial se agotaron.

No hay un partido hegemónico, ni mayorías parlamentarias que garanticen gobernabilidad. El poder presidencial acotado, sin avances para rediseñar un marco institucional.

Hace tiempo el sistema dejó de funcionar eficientemente. No hay tiempo para impulsar un cambio de gran calado, primero vendrá la elección. Hay nuevas figuras clave en la toma de decisiones. El gabinete no puede articular políticas públicas con la misma eficacia que alguna vez tuvo.

La pluralidad y la alternancia han impreso nuevas prácticas políticas. Los gobernadores, fortalecidos con recursos públicos propios, sin temor a un desafuero, controlan medios, empresas y definen cuotas políticas. El abuso y el escándalo que les acompañan han derrotado electoralmente sus proyectos de prolongar su influencia.

Pero su peso es innegable. El caudillismo mesiánico resurge como alternativa al sistema de partidos. El enojo y la decepción lo alimentan y se perfila muy competitivo para imponerse por la vía electoral.

Los partidos buscan opciones ante un panorama que tiende a polarizarse entre el populismo y otra opción viable. La segunda vuelta, propuesta como alternativa, es rechazada por el PRI, no solo porque siempre la unión de sus contrincantes es su peor escenario, influye más bien el hecho de que ante una disyuntiva de voto por o contra el 
sistema actual de partidos, la opción victoriosa sería la anti sistémica.

El único que le apuesta a ganar solo es Morena, polarizar le beneficia, descalificar le fortalece, para crear las condiciones de estar a favor o en contra de un sistema político que no ha logrado reconfigurarse. No quiere ni busca alianzas porque estima que están dadas las condiciones para que el voto le favorezca, motivado por el enojo y la
indignación.

Acepta desde luego que se unan a su proyecto, sin condiciones, ni
cuestionamientos o negociaciones para conformar un programa común. Su fuerza es la intransigencia, sobre ese discurso de rechazo funda un proyecto de esperanzas, que pueden frustrase, pero que alcanzan para llegar al poder. 

Ante esta situación las otras fuerzas se reorganizan. Con sus limitaciones por ideología, militancia, posiciones, el avanzar para conformar nuevas opciones no es fácil. En el PAN hay varios precandidatos presidenciales, pero aún con su fuerza, ganar la Presidencia de la República, implica primero mantener unidad, y después, abrirse a establecer puntos comunes con otras fuerzas.

El PRD aunque disminuido puede aportar votos para garantizar el triunfo del PAN, de Morena e incluso, del PRI. Su alianza con alguno de los dos grandes contendientes opositores, Morena y PAN, puede hacer la diferencia entre ganar o perder. Ir sin alianzas, favorece al PRI indirectamente.

PRD ya ha establecido alianzas con el PAN y con MC, Morena los
sigue rechazando porque espera tener los votos, sin pasar por un compromiso. Los precandidatos perredistas se han pronunciado por crear frentes amplios para coaliciones no solo electorales, de gobierno, que garanticen mayorías parlamentarias. No todos lo aceptan.

El PRI busca mantener sus alianzas y convertirse en una opción competitiva pese a fracasos y escándalos, muy probablemente defina su candidato hasta evaluar lo que sus competidores logren consensuar y presenten sus candidaturas. El PVEM puede o no mantenerse en ese bloque y esa decisión puede definir la elección. Otros aliados aún no
se definen. Darán la batalla.

Si se consolidan alianzas o coaliciones, sean electorales, o bien de frente amplio de gobierno, es muy probable la contienda inicie por tercios y concluya entre dos opciones.

Lograr un proyecto común es muy complicado, requiere de mucho trabajo político, de análisis, flexibilidad y voluntad, de renuncia, de anteponer el fin sobre las partes. PRD y PAN han iniciado el camino. Veremos si concluye con éxito o no.

Construir un frente amplio sin un marco institucional implica explorar nuevos caminos, la fragilidad es el riesgo, pero todos coinciden en la necesidad de reorganizar al sistema.

Mientras unos y otros se reorganizan, Morena con AMLO, sigue trabajando. Y paradójicamente, las mayorías parlamentarias que se conformen podrían definir el rumbo del país.

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