Opinión

De cabildeo y política

05 mayo 2017 5:0
 
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TLCAN

Cuando fui legisladora la Comisión de Hacienda decidió hacer un viaje a Chile y Sudamérica para estudiar las Administradoras de Pensiones Individualizadas que habían impactado favorablemente la economía al generar ahorro popular masivo y además se posicionaban como una alternativa al sistema de reparto, en quiebra en la mayoría de los países, por el envejecimiento de la población, el costo de patentes y marcas para atención de salud, y las cuotas ligadas a salarios cada vez más castigados.

Fui notificada que durante el viaje se anunciaría la voluntad de México, Estados Unidos y Canadá para conformar un bloque regional norteamericano para enfrentar los retos de la globalización. México se subía así a la historia mundial como parte de uno de los mercados más importantes. Quedé impactada. Ya Canadá tenía un acuerdo bilateral de comercio con Estados Unidos. Éramos el nuevo socio y la incorporación dejaría sin efecto el tratado bilateral, para potenciar un nuevo y más amplio bloque comercial.

Carlos Salinas, desde su toma de posesión, señaló en su discurso que nos encontrábamos frente a un nuevo orden mundial que forzaba la modernización del país. Señaló la revolución científica-tecnológica estaba en marcha, llegaba el fin de la era bipolar y la guerra fría, y los estados nacionales estaban reestructurándose para enfrentar la nueva competencia internacional. Y de pronto, como dice Luis Miguel hoy en boga, “flash” nos subíamos al tren de la historia de los bloques regionales que definirían el futuro de la humanidad. Salinas había logrado un avance aún difícil de dimensionar en ese momento, con Canadá como aliado en una negociación estratégica y muy relevante.

Después fui Presidenta de la Comisión de Comercio en la Cámara de Diputados, foro donde se ventilaba la oposición al TLCAN. Me tocó viajar por Canadá a foros universitarios y políticos para explicar nuestra posición. Había rechazo de obreros y centrales porque se veía a México como el abastecedor de mano de obra barata que les quitaría sus empleos, sin aportar algún valor agregado a la relación comercial entre los tres países. Fue una negociación complicada. Vencer resistencias implicó un ejercicio de diálogo para conformar un frente unido que incorporó los intereses y se logró el acuerdo pese a descalificaciones.

Los beneficios hoy son incuestionables. Todos los actores políticos y económicos defienden el TLCAN. Se crearon cadenas de valor, se intensificó la relación comercial y se complementaron las tres economías en una integración hoy difícil y poco conveniente de revertir. Sin el TLCAN México no hubiese podido modernizarse ni incorporarse exitosamente al nuevo entorno internacional, mejorar su competitividad y proyectarse entre las 20 economías del mundo.

Pero ya lo logró. Hoy el reto es una mayor diversificación frente a las amenazas de Trump. Wilbur Ross señaló la intención de EEUU de renegociar con México y Canadá sobre la base de tratados bilaterales y acabar con el TLCAN. Está visión, que aparentemente simplifica la negociación y fortalecer el poder de EEUU solo frente a cada vecino, omite algo importante: la visión regional de la globalización.

Si bien puede ser atractivo para EEUU negociar bilateralmente pues se simplificarían resolución de conflictos, cuotas, contenido regional, lo cierto es que se estaría limitando la integración, clave para la competitividad de la región en el entorno mundial y el déficit comercial, que es mayor con otros países, no puede ser el único factor a ponderar en una renegociación. México busca una relación bilateral y no sólo un acuerdo comercial.

Pero Trump no sigue una curva de aprendizaje, porque todo lo sabe. Y su decisión contra México está tomada. Falta ver cómo se propone lograr sus objetivos, sobre todo si tiene sustento, porque el asunto pasará por el Congreso. Y debemos reconocer que tiene una gran influencia, pues logró revertir, al menos parcialmente, la votación en el caso del Obamacare, cambiando la estrategia y su propuesta fue aprobada por mayoría.

Incluso en el tema del muro, hasta el rechazo demócrata lo presentó en forma ventajosa para su proyecto. Le preocupa mucho se perciba que honra sus compromisos, porque lo cierto es que no acepta negativas. Y veremos pues como se inicia la renegociación porque en efecto, EEUU puede salirse del TLCAN. Y nosotros debemos considerar alternativas.

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