Opinión

De cabildeo y política

23 marzo 2017 5:0
 
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Trump

Donald Trump no pedirá disculpas a Barak Obama por acusarlo de espionaje, sin pruebas, ni se retractará de su dicho, informó su vocero. Tampoco AMLO se disculpará con las fuerzas armadas, y parece tampoco se retractará de sus afirmaciones, ni presentará pruebas como lo demandó a nombre del Ejército el General J. Carlos Beltrán. Más bien se escurre, y como ahora sucede en política, a través de un tuiter, únicamente expresa su respeto a las fuerzas armadas.

Las fuerzas armadas están cansadas de que se les utilice en temas de seguridad pública. Demandan un marco legal para proteger su actuación, que el Congreso discute por sus implicaciones políticas. Han debido enfrentar nuevas regulaciones y capacitarse en el uso de la fuerza, para proteger derechos humanos, así como someterse a tribunales civiles. Hay avances importantes, disminuye el número de denuncias.

Se exhiben reportes en relación a violaciones de derechos humanos, que en efecto, han disminuido. Falta mucho por avanzar. Las quejas han ido a la baja pero la percepción negativa prevalece, y constituye un argumento en contra de la legislación sobre seguridad interna ante el Congreso que debate el tema. No queda claro si el Congreso aprobará la Ley de Seguridad Interna que establece el marco normativo para la actuación de las fuerzas armadas.

El Congreso puede o no procesar la información. Dar la espalda a los legítimos reclamos de las fuerzas armadas es impensable. AMLO solo tiene que luchar contra AMLO para vencer obstáculos a su candidatura y eventual triunfo, al igual que en 2012. Parece fácil, pero no lo es. Determinar su posición en cuanto a la actuación de fuerzas armadas, está hoy en el centro de una polémica que desató, quizá sin proponérselo, pero con claridad los señaló como culpables de lo sucedido en Ayotzinapa. Sus señalamientos no pueden pasar inadvertidos, como pretende hacerlo.

No es deseable la participación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública, pero el rezago de los gobiernos locales para formar sus policías es evidente. No hay ni capacitación, ni equipamiento para profesionalizar a los cuerpos estatales. De los municipales, ni que esperar. Siguen siendo las fuerzas armadas quienes entran a combatir delincuencia organizada, que cada vez amplía más sus acciones en todo el territorio.

Cierto es que Trump y sus políticas causan inestabilidad en México, retrasan inversión y socaban nuestra posición competitiva por la renegociación del TLCAN. Sin embargo, la lucha contra el narcotráfico y sus negocios asociados es una apuesta difícil de sostener en el largo plazo. Parece que vamos perdiendo la batalla. En Cancún y Playa del Carmen, privilegiados destinos turísticos, no pinta bien el asunto del control sobre bandas criminales. El daño puede ser muy fuerte. Son nuestros principales destinos turísticos con más de 10 millones de visitantes anuales. Perder competitividad por violencia no es una opción.

Si ya en Estados Unidos se registra una política más permisiva en el uso de ciertas drogas, como la marihuana, tenemos que repensar la política prohibicionista en nuestro territorio. Trump señala que la construcción del muro fronterizo, que muchos le aplauden, frenará delincuencia al evitar inmigración ilegal, la cual asocia con el tráfico de drogas. Sin embargo, soslaya que en su país se registra la demanda más importante para el uso de estupefacientes. No plantea acción alguna para la prevención de adicciones, ni políticas públicas para frenar el consumo.

El simple voluntarismo, sello de Trump, es lo que impedirá el tráfico de drogas hacia su país. Nada más lejano de la realidad. Allá la distribución se realiza incluso a domicilio, como otras entregas comerciales. Operan con el consentimiento de autoridades locales, no es un secreto. Los “bad men” son sus propios grupos. ¿Cuánto significa este negocio para los norteamericanos? Esas cifras son incalculables.

¿Pueden los norteamericanos sobrevivir a sus adicciones y el valor que este tráfico tiene? Además está asociado a lavado de dinero. Y al tráfico de armas. Es un negocio redondo. Pero nada se dice de cómo se frenará este negocio en el territorio norteamericano. Las barreras simplemente contribuirán a hacer más lucrativo el negocio, al aumentar el precio de la comercialización de drogas, de armas y de esquemas de lavado de dinero. El discurso es pues demagogia pura. No hay acciones, ni las habrá.
 
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