Opinión

De cabildeo y política

 
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Gasolina. (Especial)

Inicia el año con dos hechos que perfilan un complicado futuro. El descontento por aumento del precio de gasolinas, que grupos organizados aprovechan para vandalizar y aumentar enconos, y la decisión de Ford en apoyo a Trump, de retirar su proyecto en San Luis Potosí. Son dos hechos que dibujan formas de acción política que amenazan estabilidad. Ambos hechos tienen en común el peligroso aditivo de la violencia, negación de la política.

Los cambios en el gabinete no resuelven. Videgaray, que nunca se fue pese a incremento de deuda pública, regresa por su relación con Trump, lo cual deja una interrogante adicional sobre el cauce de la relación bilateral. A nadie gusta la liberalización del precio de gasolinas cuando aumenta el costo de su importación, por tipo de cambio, por el incremento de su precio, pero subsidiarla es inviable pues al final pagaría la sociedad, además de que las finanzas públicas no ofrecen margen como lo tuvo Calderón que derrochó 500 mil millones de pesos e igual perdió la elección. Y tampoco gustó que Trump se alce victorioso con sus medidas proteccionistas, su discurso contra México, aún sin rendir protesta, y amenace a General Motors con mayores impuestos por producir en nuestro país.

¿Como coinciden estos dos hechos? Pues en que se utiliza la confrontación como método para imponer intereses, más allá del marco legal. El incremento de precios de gasolinas afecta a todos, en distinto grado. Mantener artificialmente bajo el costo implicaría destinar recursos públicos para subsidiarios. La prioridad es mantener finanzas públicas estables y bajar la deuda. No hay márgenes para un subsidio que además no tiene un fin de justicia social, porque su efecto no abona a favor de los grupos de mayores carencias. Aumenta inflación ciertamente, pero no compromete estabilidad macroeconómica. La decisión económica es correcta y socialmente adecuada. El costo es político. Nuestras pesadillas se perfilan como realidad.

La oposición a la Reforma Energética fue feroz y retrasó su aprobación con fuertes costos que impidieron inversiones privadas que PEMEX no podía realizar. La apertura llegó tarde, cuando cayeron los incentivos para invertir en hidrocarburos, por la caída de sus precios y la innovación tecnológica que impulsa energías limpias y renovables con gran éxito. Quienes se opusieron a la apertura energética hoy son sus beneficiarios.Con un discurso populista canalizan el malestar social a su favor. No es la sociedad civil la que espontáneamente, por redes sociales, se organiza para protestar. Es activismo político que busca la victoria electoral en 2017 y 2018. Avanzan en su meta, porque la percepción social es de fracaso. No importa que México sea el país que mejor desempeño tenga en América Latina en empleo, inversión, crecimiento. La devaluación impacta.

No es casual la molestia, hay decepción frente a promesas de Peña Nieto, que enfrentó un entorno mundial de una crisis sin precedentes, de gran magnitud, que le impidieron aprovechar las reformas estructurales por las que apostó su capital político para lograr los votos en el Congreso. Mal calculo, imposible de predecir. A ello se sumó la corrupción escandalosa de varios Gobernadores que con impunidad acallaron críticas hasta que las urnas hablaron. El desatino de la Casa Blanca y la tardía actuación en Ayotzinapa acabaron por hundir al gobierno de Peña, que no logra comunicar adecuadamente sus decisiones y termina por pagar altos costos políticos. Su decisión de cambio en la SRE, aunque necesaria, no convence.

Esto nos coloca ante el triunfo del populismo.!Detengan las alzas! Claman protestantes, pero negarse a pagar precios reales es simple ilusión. Que Peña pare por decreto los incrementos piden legisladores para revertir la liberalización aprobada, y entonces?quien paga el diferencial? No podemos endeudados más para subsidiar indiscriminadamente. Protestar por alzas es un derecho, utilizar un discurso populista para demandar que el gobierno solucione costo real de gasolinas o servicios públicos es pedir imposibles, gobierne quien gobierne.

¿Que si podemos hacer? Impulsar competitividad. Adecuarse a la innovación tecnológica. Bajar costos depende de la productividad que logremos. PEMEX ya está en ese camino, al igual que CFE, pero deshacerse de cargas que su monopolio propició no es un proceso sencillo, ni muy expedito. Pero marcha. Combatir corrupción es otra acción por impulsar, y esa participamos todos, o no hay cambio. Mejorar el gasto público para crecer, no para comprar votos, sería otra prioridad.

En cuanto a Trump, vemos que usa su poder para presionar empresas y empleadores. Utiliza medidas extra legales para frenar libre comercio, que también se satanizó en México cuando Salinas apostó por el NAFTA, y tiene un triunfo aparente.?por que? Porque al final tendrá que bajar impuestos y otorgar beneficios para impulsar artificialmente su competitividad. Estas medidas cuestan a unas finanzas públicas ya deficitarias. Van contra la lógica del mercado y no serán sustentables en el mediano plazo. Sus amenazas si impactan, pues aunque la decisión de Ford consideró otros aspectos de mercado como ventas e innovación, el anuncio fraseado como apoyo a Trump y sus políticas proteccionistas, ni corresponde a la realidad, ni abona a favor de la moderación.

Aumentan amenazas y se mantendrá un discurso populista que afectará la relación bilateral. No sabemos si Videgaray pueda dar resultados en un campo que no le es conocido, como señaló. Si esa ruta se mantiene con otros países, pueden registrarse disputas y el mundo puede acabar en una nueva conflagración derivada de guerras comerciales.


Twitter: @Rosariodf

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