Opinión

De cabildeo y política

08 diciembre 2016 5:0
 
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ME. ¿Por qué importa el TLCAN?

Cuando en los noventa Carlos Salinas anunció en forma simultánea con Mulroney, Canadá, y Bush, Estados Unidos, la negociación de una zona de libre comercio en Norteamérica, el escándalo y el rechazo de la izquierda y de algunos sectores empresariales fue inmediato. También en EEUU se alzaron voces en contra. La integración económica era totalmente contraria a nuestra historia, se cuestionaba ceder autonomía, convertirse en un gran maquilador, proveer mano de obra barata como único aspecto competitivo frente a países desarrollados. La resistencia documentaba las diferencias abismales entre nuestras economía, empleo y salario, cultura, aspectos migratorios, ambientales, democracia y derechos humanos.

Desde su toma de posesión CSG anunció la transformación del Estado a partir de la conclusión de la guerra fría, el surgimiento de la multipolaridad, la competencia basada en nuevas tecnologías y menores costos, que cambiaban a los estados nacionales. El mensaje no se entendió a cabalidad. Como diputada federal en esa época, defendí el proyecto al que se oponían incluso los propios priistas, y casi al término de la Legislatura presidí la Comisión de Comercio a la que acudió Herminio Blanco para explicar, pese a resistencias, alcances de acuerdo en negociación. Los objetivos se centraban en aprovechar nuestra situación geográfica para acceder al mercado más grande del mundo, reducir aranceles, atraer inversión y generar empleos. Los resultados han sido más exitosos de lo que se preveía.

Se conformaron cadenas productivas con proveeduría nacional, se incrementaron las exportaciones no petroleras con manufacturas, creció empleo e inversión, se consolidó el sector exportador como ancla de la economía y aumento competitividad. El México de hoy no sería posible sin esa integración que CSG condujo. Los beneficios empero, disminuyeron a partir de la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio, lo que impactó la competitividad de productos mexicanos, su acceso a los mercados.

El TLCAN ha beneficiado a las tres naciones, aunque en diferente magnitud y a diversos sectores. La pérdida de empleos como consecuencia de importaciones más baratas no se compensó con una redistribución de las ganancias del comercio. Esto generó la percepción entre sindicatos y uniones de que el libre comercio era injusto e inequitativo. Trump escuchó esta queja y arremetió con fuerza contra México y China.

Parece inevitable la revisión del TLCAN. Las negociaciones son trilaterales, pero al igual que ayer, el centro del debate se ubica entre México y los EEUU. En ambos países hay grupos a favor de mantener y ampliar la integración y otros, antes más ocultos para negociar sus intereses, que buscan limitarla e incluso revertirla. Volver al pasado no es viable, pero el discurso de recuperarlo como añoranza, es muy exitoso. Veremos una negociación muy difícil, que incluirá aspectos de seguridad fronteriza, combate a narcotráfico y migración, como instrumentos de presión contra México. Además Trump usará métodos poco ortodoxos para obligar a empresas e inversionistas a permanecer en su país aún a costa de la productividad de las mismas. Las consecuencias pueden ser devastadoras para los tres países al perder competitividad.

Las grandes empresas norteamericanas de automóviles no hubiesen podido sobrevivir a la competencia internacional contra empresas japonesas, europeas y asiáticas si no hubiesen impulsado la integración de su cadena productiva con México. Hoy somos el sexto exportador a nivel mundial. Revertir el proceso no es viable sin altos costos. Se perderían millones de empleos también en EEUU vinculados a los procesos y no regresarán las manifacturas en las actuales condiciones. Por eso Trump habla de bajar impuestos y costos, medida artificial pues aumentará el déficit con sus consecuencias.

En conclusión hoy EPN vivirá una nueva etapa del TLCAN, que tanta polémica causó, y habrá de convencer con argumentos y realidades los avances de una integración económica, que puede o nos gustar a muchos, pero que es tendencia irrefutable. La negociación incluirá derechos humanos y migrantes, lo que será complicado. Tanto que hasta AMLO declaró apoyaría a EPN en la defensa de nuestros intereses como nación y los de migrantes en específico. Momentos de unidad nacional.

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