Opinión

De cabildeo y política

 

 

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SCJN

México enfrenta nuevos retos, en lo interno y en el contexto internacional. Es momento de unidad y de reinventar la política, instrumento de solución de conflictos. Conmemoramos la Revolución Mexicana, que constituyó una larga y cruenta guerra civil, conformó una nación y nuevas instituciones que privilegiaron la civilidad frente a la confrontación para la convivencia pacífica. La herencia de sangre de este conflicto se estima en cerca de un millón de víctimas, de una población de 15 millones, lo cual marcó nuestra cultura y nuestra aversión al conflicto. Se diseñaron mecanismos para logar solucionarlos sin llegar a la violencia, a través de un andamiaje legal, derechos sociales, del reparto agrario, de sistemas de salud y seguridad social y de educación que tutelaron calidad de vida de la población.

Al paso del tiempo, con el cambio de una población rural a una urbana, con mayor nivel educativo y nuevas demandas para participar de las decisiones del país, se enfrentaron nuevos conflictos. Sin duda el movimiento estudiantil de 1968 rompió el Pacto Social del Estado mexicano y se transformó el sistema político. El desarrollo estabilizador también llegó a su fin y se fue deteriorando el financiamiento de los sistemas de salud, seguridad social y educación, pese a un gasto público importante. Cambiaron las condiciones mundiales, las reformas estructurales que emprendimos fueron tardías, aunque útiles.

Hoy, nuestra Constitución incorpora los derechos humanos. No están sujetos a consulta pública, su tutela es obligatoria. Sin embargo, la resistencia cultural para aceptar derechos de minorías es muy amplio, como lo evidenció el rechazo del Congreso al matrimonio igualitario, pese al fallo de la SCJN. Aún se cuestiona la interrupción de embarazo en caso de violación, la violencia contra las mujeres es algo cotidiano. Nos falta mucho por avanzar en esta nueva etapa de libertades e igualdad.

El narcotráfico y la violencia, afecta la convivencia en muchas regiones del país. Impide el avance de la sociedad y sus costos humanos son terribles. El diseño de una mochila para protegerse de balaceras y secuestro por el niño Juan David Hernández, en Tamaulipas, nos conmueve pues refleja una triste realidad que parece aceptarse con normalidad.

Debemos recuperar la herencia de la Revolución Mexicana para impulsar la convivencia pacífica de lo diverso. Ello implica reconocer que todos tenemos los mismos derechos. Requiere de un cambio cultural más acelerado para lograr igualdad. El problema no se centra solo en lo económico, donde las desigualdades son muy obvias, abarca el ámbito social para hacer viable la coexistencia de grupos tradicionalmente marginados o violentados como los indígenas, la comunidad LGBT+, los discapacitados, o al que se han negado derechos como a las mujeres, que los han conquistado aún no por completo.

Corrupción e impunidad son corrosivos del Estado de Derecho, garante de la convivencia. Si bien siempre han existido, los niveles alcanzados a partir del avance democrático, indignan y socavan gobernanza. Y aún cuando muchos piensan no pueden ser peor la situación, aún pueden registrase peores escenarios. No solo por la renuncia de EEUU a impulsar libertades, libre comercio y migración, lo que a todos afecta. Hay un desencanto que influye en la búsqueda de soluciones mágicas, aparentemente basadas en simple voluntarismo, que pueden complicar más nuestra convivencia.

Las actuales condiciones son propicias para que en la próxima elección presidencial se escale el populismo, la condena de culpables a modo, se ahonde en la división de la sociedad, y se busquen cambios que pueden generar altos costos internos, que se conjugarán con adversas condiciones mundiales.

Hay avances pese a contradicciones, crece la economía y el empleo, se tutelan derechos humanos, se debe avanzar en legalización del uso medicinal y lúdico de drogas. Hay riesgos de intolerancia, en realidad si pueden ponerse peor las cosas. Por ello en este aniversario de la Revolución Mexicana es necesario retomar esa herencia de unidad nacional pese a diferencias, de fortalecer instituciones y abonar a la convivencia de lo diverso. Nos esperan momentos difíciles pero México es nuestro destino común. Valoremos lo que nos da identidad y viabilidad hacia el futuro.

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