Opinión

De cabildeo y política

10 febrero 2014 5:0 Última actualización 14 agosto 2013 5:2

 
 
 
Rosario Guerra
 
 
Por fin Enrique Peña Nieto presentó su iniciativa de reforma energética, que se pospuso tras reunión del Consejo Rector del Pacto la semana pasada. Seguramente esta pausa sirvió para afinar el proyecto. Aunque criticado por izquierdas, derechas e inversionistas, la propuesta logra un posicionamiento político de centro, situación muy cómoda para iniciar el debate en el Congreso, que de nuevo se coloca como el foro nacional para alcanzar acuerdos.
 
 

En su mensaje transmitido en cadena nacional, EPN explica que la reforma mejorará empleo, disminuirá costos de luz y gas, ayudará con fertilizantes y México seguirá siendo dueño de la renta petrolera, y podrá aprovechar al máximo sus recursos energéticos. Señaló que Pemex no se vende ni se privatiza, se fortalece y moderniza. Y agrega que se recupera el pasado para conquistar el futuro.
 
 

Y es que un acierto en la presentación de la reforma fue recuperar el texto constitucional original de la expropiación cardenista, que permitía la participación del sector privado, texto que se modificó hasta los años sesenta con el mexiquense López Mateos, quien introdujo también las modificaciones para reservar la industria eléctrica.
 
 
Si bien el Pacto no logró consenso para presentar iniciativa conjunta por las diferencias ideológicas de los partidos, constituye aún una herramienta valiosa para que las propuestas transiten en un clima de civilidad e institucionalidad política. EPN avanza así en lo que la prensa extranjera califica como una revolución energética silenciosa. Y arriesga su capital político en un proyecto que repetidamente se ha pospuesto desde hace más de dos décadas. Fue el descubrimiento de Cantarel el que puso a México en las grandes ligas petroleras, en una geopolítica petrolera que se ha modificado gracias a la tecnología, donde EU ha pasado de importador a posible exportador en unos años. Esa reserva que no fue aprovechada por nuestro país implicó con su decadencia el poner a México en una nueva ruta de negocio.
 
 
Tanto PAN como PRD enfrentan problemas internos, pero tras el cambio de estatutos que consolida la dirigencia de Madero y el Consejo Nacional que define el marco de la negociación de la dirigencia perredista, la reforma se intuye más que como resultado de acuerdos en el Congreso, donde los partidos actuarán en bloque, como un tema de mayorías legislativas. De ahí el llamado de PT y MC a derrotar la propuestas con la movilización ciudadana en las calles. Desde luego que este es el territorio de Andrés Manuel López Obrador quien acusa ya de traición a la Patria, y llama a los sentimientos, mas que a los argumentos, en un tema muy sensible para los mexicanos.
 
 
El DF será el escenario de manifestaciones y tomas del Congreso. Miguel Ángel Mancera ha llamado a reunión de gobernadores del PRD para cerrar filas en una posición. De cómo se maneje la protesta callejera dependerá buena parte de los acontecimientos. Al final los tres partidos reconocen la necesidad de un cambio. PAN con concesiones y órganos autónomos que permitan su participación en los mismos. PRI con contratos de utilidad compartida que no otorguen control sobre el recurso. PRD con reformas legales y un Fondo Financiero de ingresos petroleros.
 
 
En cuanto a electricidad parece haber acuerdo en conservarla como servicio público en transmisión y distribución, pero abrir a generación y otros procesos de nuevas energías limpias. Y falta aún la cereza del pastel, que implica la reforma política, carta de canje para que transiten las reformas energética y fiscal. Porque lo más crítico vendrá cuando el 8 de septiembre el Congreso reciba una reforma muy recaudatoria para evitar el colapso de las finanzas públicas al liberar a Pemex de su carga fiscal. Miguel Ángel Mancera ha llamado a reunión de gobernadores del Partido de la Revolución Democrática para cerrar filas en una posición.