Opinión

De Blasio, la esperanza liberal, asumirá mañana en Nueva York


 
 
Bill de Blasio, quien asumirá mañana como nuevo alcalde de Nueva York después de veinte años de hegemonía conservadora en la Gran Manzana, es la esperanza de los liberales en Estados Unidos, quienes esperan que su influencia se extienda por todo el país y alcance al segundo y último periodo de Barack Obama en la Casa Blanca.
 
La relevancia de la toma de posesión del ganador de las elecciones de noviembre, en las que arrasó al republicano Joe Lhota con 73 por ciento de los votos, quedó de manifiesto con el anuncio de que será el ex presidente William Clinton, otro ícono de la izquierda norteamericana, el encargado de tomar el juramento a De Blasio, su ex director regional del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano en los tiempos de “la única nación imprescindible”. Para Rudy Giuliani y Michael Bloomberg, en cambio, fue un juez austero quien encabezó la ceremonia.
 
Ahí estará también, por supuesto, la ex senadora y canciller Hillary Rodham Clinton, quien llegó a la Cámara alta en 2000 de la mano del experimentado De Blasio, jefe de su campaña, y que ahora se perfila, después del proceso intermedio de 2014, como aspirante natural del oficialismo a la Avenida Pennsylvania dentro de dos años.
 
Veterano
 
Hijo de un veterano de la Segunda Guerra Mundial condecorado, que acabó cayendo en el alcoholismo, De Blasio, nacido en Manhattan en 1961 como Warren Wilhelm Jr., triunfó en base a un discurso dickensiano de “dos ciudades”, apunta The Telegraph, que censuró el aumento de las diferencias sociales y prometió mejorar las relaciones de la comunidad con la policía ––aunque nombró al duro William Bratton como jefe de policía, para eliminar la nefasta práctica de “detener y catear” sin ningún motivo––, además de ampliar los servicios públicos, elevar los impuestos a quienes ganen más de medio millón de dólares al año a fin de subsidiar jardines de niños, y otorgar licencias de manejo a los indocumentados.
 
Luego de doce años y de sortear la difícil etapa posterior a los atentados del 11-S, el magnate Bloomberg se va tras invertir 650 millones de dólares de su propia fortuna en mejoras a la ciudad y De Blasio subrayó que “hay un movimiento progresista en el país que está teniendo un efecto real. Es claro que algo está ocurriendo y que la inequidad que enfrentamos se ha hecho fundamentalmente inaceptable”, aunque los supervivientes de la “tercera vía”, que Clinton abanderó con Tony Blair en los noventa, se apresuraron a señalar que una corrida al “populismo” será la peor opción para los demócratas en los comicios legislativos del próximo año.
 
En las calles hay otra opinión: Seis de cada diez electores creen que De Blasio cambiará a Nueva York para bien, según una encuesta del Marist College Institute difundida la semana pasada. Entre los afroamericanos y los latinos, la cifra es superior.