Opinión

De asesinos de mascotas
a asesinos de niños

 
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Un perro, y después una familia

En ocasiones la realidad supera a la ficción. Hay notas que deben despertar una gran preocupación en la sociedad, porque constatan el nivel de descomposición que se alcanza entre la población.

El caso del menor Cristopher Márquez, asesinado a sangre fría por un grupo que –hoy se sabe– estaba conformado por amigos, hermanos y primos, todos ellos menores de edad, nos lleva a hacer la reflexión sobre las razones que llevan a los niños y adolescentes a emular a la peor escoria de la sociedad y hacerlo parte de sus juegos infantiles y fantasías, para posteriormente volverlo parte de su realidad, si es que no lo era ya.

En las declaraciones que hicieron los victimarios del pequeño Cristopher dijeron que su deseo era jugar a los secuestros y lo llevaron hasta el final con su asesinato. Hay diversas teorías de criminólogos y criminalistas que aseguran que la maldad es innata en ciertas personas, pero en este caso en particular parece ser poco probable que cinco personas sean asesinos naturales, por lo que este caso deberá ser analizado por psicólogos y criminólogos para llegar a una conclusión.

¿Qué es lo que estamos generando como sociedad en las mentes de la juventud que llegan a extremos macabros en busca de diversión? ¿Verdaderamente se han vuelto un ejemplo a seguir los criminales más sanguinarios ante la falta de oportunidades que ofrece nuestro país o simplemente se trata de unos auténticos asesinos por nacimiento?

Mucho se criticó a los medios de comunicación cuando decidieron dejar de publicar fotografías de ejecuciones y narcomensajes para evitar hacer apología de la violencia. Esta decisión fue interpretada por algunos sectores como autocensura y abyección al régimen en turno que se vería beneficiado –según ellos– por una ocultación de la violencia para dar una falsa percepción de seguridad. La realidad es que la violencia continúa presente en nuestras vidas alcanzando –en este caso en particular– lo impensable: niños asesinos de niños.

Cabe pensar que tal vez estas conductas puedan ser detectadas previamente en casa y en la escuela. Las declaraciones de los menores de este caso es que ellos por diversión cazaban perros y gatos, y los mataban con el mismo cuchillo con el que ultimaron a Cristopher. La muerte por diversión es un síntoma que debe de ser tomado en cuenta en sus primeras manifestaciones para evitar que su evolución llegue a extremos irremediables.

Es por ello que se hace cada vez más evidente que la protección a la vida animal no es sólo un capricho de ambientalistas y defensores de otras especies, sino que puede ser la detección temprana de potenciales asesinos de seres humanos. Las iniciativas que pretenden proteger a diversas especies animales pueden ser valladares para la detección de potenciales asesinos de personas.

Cada vez existen más países que toman conciencia sobre la importancia de la vida animal y de su defensa, tales como Alemania, que obliga al Estado a proteger a los animales o Argentina, en que recientemente la Corte de Casación reconoció como sujeto de ciertos derechos a un orangután.

En México, hace varios días un Juzgado de Distrito admitió a trámite un amparo para prevenir la muerte de un perro en Iztapalapa, de nombre “Capitán”, lo que sin duda alguna es un avance importante en esta materia. De hecho, sería conveniente que la ciudad de México incorporara en su constitución –cuando la haya– a los animales como sujetos de algunos derechos, de modo que las acciones de la autoridad para su protección también prevengan la detección de posibles asesinos en potencia, como los niños de Chihuahua, para que no pasen de asesinos de mascotas a asesinos de niños.

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