Opinión

De cinco a 28 gramos

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La mariguana en 10 puntos

El incremento de cinco a 28 gramos y la legalización del uso medicinal de la mariguana son, sin duda, pasos adelante. Lo primero se traducirá en la liberación de jóvenes encarcelados por portar mariguana con un valor inferior a 500 pesos.

Lo segundo, echa para abajo uno de los ordenamientos más absurdos de la prohibición: calificar la mariguana como droga de peligrosidad uno, como la heroína, pero sin cualidades medicinales.

El giro del gobierno de la república fue más allá: reconoció que el prohibicionismo ha fracasado en contener la demanda y oferta de droga, señaló que es indispensable un nuevo enfoque, y advirtió de que el costo de violencia y vidas humanas que ha pagado México ha sido excesivo.

La descriminalización del consumo de drogas es lo que está ahora en el centro de la cuestión. Y nos remite al fallo de la Suprema Corte de Justicia que tiene su eje en el derecho de todo mexicano al libre desarrollo de su personalidad, que deriva en el derecho a experimentar estados alterados con una sustancia como la mariguana.

Este principio, claramente establecido por el fallo de la Corte, estaba en germen (in nuce) en el ordenamiento que permitía portar hasta cinco gramos de cannabis para el consumo personal. En otras palabras, nadie puede ser detenido por el solo hecho de consumir mariguana. Y estrictamente nadie debe ser procesado por el solo hecho de consumir cocaína, heroína o anfetaminas.

El delito se configura cuando, en el caso de la mariguana, se portaban más de cinco gramos porque se presumía que la finalidad era el comercio y no el autoconsumo. Y ese mismo principio se aplica al resto de las drogas; para las que también hay dosis establecidas de autoconsumo.

De hecho, la resolución de la SCJN debe ser extendida a todo tipo de sustancias: porque si el derecho al libre desarrollo de la personalidad deriva en el derecho a experimentar con la mariguana, no hay ninguna razón para prohibir ese tipo de experiencias con otras sustancias.

Dicho de otro modo, el derecho de un individuo a ingerir o inhalar una sustancia para alcanzar un estado alterado no se finca en el mayor o menor grado de peligrosidad de esa sustancia, sino en el derecho que tiene de experimentar... estados alterados.

La peligrosidad de la sustancia se equipara, en este caso, a la que pueden tener actividades como paracaidismo, motociclismo o alpinismo. Todas ellas ponen en riesgo la salud o la vida de quienes las practican. O, si se quiere ir más lejos, se practican justamente por el riesgo que representan y la adrenalina que generan.

Volviendo a los dos pasos que dio adelante el gobierno de la república, hay que agregar que son contradictorios e insuficientes. Aunque en su descargo vale advertir que lo contradictorio e insuficiente, en materia de drogas, son notas de nuestro tiempo.

Contradictorio, porque deja sin contestar una pregunta elemental que ha formulado Juan Manuel Santos, presidente de Colombia: ¿cómo explicarle a un campesino que puede ir a la cárcel por cultivar mariguana, cuando un joven en Colorado, Estados Unidos, abre su segunda tienda de venta legal de mariguana recreacional y disfruta de sus ganancias apaciblemente?

Sobra decir que en el caso de México la frontera de tres mil kilómetros con Estados Unidos y la inminente legalización de la mariguana con fines lúdicos en California (y muy probablemente en Arizona) vuelven y volverán más patente e insostenible esa contradicción.

Insuficiente, porque el crimen y la violencia en México (y en el resto del mundo) están fatalmente asociados a las rentas exorbitantes que genera el prohibicionismo y mientras ese flujo de dinero continúe no habrá forma de acotar ni controlar el poder del narcotráfico.

El prohibicionismo está en crisis. No hay argumentos ni datos que validen esa estrategia. La guerra contra las drogas, ideada por Nixon, es una guerra fallida. Y, desde el punto de vista de la democracia y los derechos humanos, ha menoscabado el Estado de derecho y la libertad.

Twitter: @sanchezsusarrey

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