Niñas y niños primero, de nuevo
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Niñas y niños primero, de nuevo

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Niñas y niños primero, de nuevo

03/05/2018

Desde el principio, nuestro mensaje a la sociedad tiene fondo y forma. El fondo es siempre avanzar para que se ponga a los niños primero. Esa misión permanece gane quien gane, y ese enfoque, como organización, nos compromete a ser imparciales y apartidistas.

La forma es la ciudadanía participativa. Nos propusimos salir de la idea de que los problemas públicos sólo atañen a los funcionarios; de que la visión de país sólo le toca a los partidos; de que es aceptable que el destino educativo de un niño dependa más del poder de compra de sus padres que del cumplimiento de las responsabilidades de las autoridades.

Así, tenemos más de una década de emplazar a los gobernantes para hacer propuestas basadas en la evidencia y la investigación actualizada, para defender el carácter público y laico de la educación nacional, para que corrijan omisiones y se resuelvan inequidades. Es la forma de nuestra misión que más actores se sumen a las decisiones, y que la rectoría del Estado implique un proceso claro y transparente de rendición de cuentas.

Las estructuras del Estado nos reconocen, pero no nos regalan, a cada una, a cada uno, nuestras libertades constitucionales de conciencia, de expresión y de libre asociación. En nuestra organización reivindicamos ese reconocimiento, que incluye la libre manifestación de las ideas en el marco de la ley.

Por ello celebramos la decisión del Instituto Nacional Electoral, cuya Comisión de Quejas confirmó que el spot “Si los niños fueran candidatos” no tiene la naturaleza de propaganda política y no altera la equidad de la contienda. Informar a la opinión pública sobre temas trascendentales, y en específico sobre la educación, es lo que hemos hecho por años, con y sin elecciones, y ese ejercicio cuenta con protección constitucional.

Rechazamos los señalamientos en los que se sugiera que los derechos de los niños sean conculcados al participar en un mensaje como el que difundimos. Descreemos de la intención de quienes cuestionan la participación de los niños como voceros en este caso concreto, pero contradictoriamente no se han inmutado ante la violación masiva y sistemática que representa que millones pierdan el servicio educativo por marchas o amenazas a los maestros, que las distintas fuerzas político-partidistas y gremiales permitan infraestructura denigrante o no garanticen la preparación de los docentes.

Entendemos que hay elementos de sensibilidad y preferencias, así como de honesta preocupación por los temas de imagen en los niños, expresados por personas y organizaciones a quienes respetamos y tomamos en cuenta, pues nos consta su sinceridad y trayectoria en la defensa de derechos de la infancia.

La participación de los niños en el spot cumple con los requerimientos de consentimiento informado tanto de ellos como de su padres o tutores, y según lo asienta la jurisprudencia, como corresponde a la progresividad de su ejercicio del derecho a la libre expresión, en la forma de expresión artística en la que decidan participar. Ser voceros de un derecho, en la medida de su comprensión y con la voluntad expresamente señalada de tomar parte en un proyecto de comunicación de esta naturaleza, es una de las muchas formas de participar.

Hemos realizado diversos ejercicios para recabar la voz de los niños directamente, acerca de lo que opinan sobre la educación que viven, desde “Cambiemos el Rumbo” y “En Voz Alta” hasta en la investigación internacional “Superprofres y superdirectivos”. Hemos pedido y seguiremos insistiendo en retomar la voz de los niños para el componente de autonomía curricular, así como hemos dialogado con la SEP sobre la verificación en cada escuela del ejercicio de los derechos consagrados en los artículos 71 a 74 de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, en la forma de la consulta de intereses y necesidades para elegir los espacios curriculares.

Sabemos que todas las formas creativas y disruptivas de traer a la reflexión pública los temas de educación, y más con el acento puesto en el derecho de los niños, son una oportunidad para una conversación ampliada y más honesta. Es fácil querer “matar al mensajero” y así pretender que se olvide el mensaje. Reiteramos nuestro apego a la ley y nuestro servicio a la causa, la legalidad de nuestras conductas y la legitimidad de los principios.

El debate suscitado por este spot tiene que marcar un antes y un después en la historia de las temporadas electorales y en la garantía de la libre expresión. No se puede olvidar a los niños. Las familias tienen que exigir que los políticos, gane quien gane, respeten esa prioridad y se pongan al servicio de sus derechos. Los niños no votan y no son clientela electoral, fiscal o política; pero a ellas y ellos, según el principio de interés superior de la niñez que marca la Constitución, les corresponde la máxima prioridad en lo educativo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.