Opinión

Dardos franceses

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil caviló: día de sitios y citas, de voces y ecos. Gamés caminó sobre la duela de cedro blanco del amplísimo estudio y tomó de un entrepaño un libro antiguo y funeral: Antología de máximas francesas de Marc Cheymol, editado por la rara editorial EOSA en una traducción de Julieta Arteaga. Ha llovido desde que Gil leyó este libro de cortesanos en el año de 1987. Gamés arroja un puñado a la delgada capa de los viernes.

El hombre es un tema maravillosamente vano, diverso y cambiante. Resulta torpe fundar al respecto un juicio constante y uniforme.

-Montaigne.

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Es incierto dónde nos aguarda la muerte, esperémosla por todas partes. La premeditación de la muerte es la premeditación de la libertad. Quien ha aprendido a morir ha desaprendido a servir.

-Montaigne.

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Todos los días van hacia la muerte, el último llega.

-Montaigne.

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Nuestra naturaleza está en el movimiento; el reposo total es la muerte.

-Pascal.

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El pico que el cotorro se lava, aunque limpio esté.

-Pascal.

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En amor, amar poco es un medio seguro para ser amado.

-La Rochefoucauld.

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El poder que ejercen sobre nosotros las personas que amamos casi siempre es mayor que el que tenemos sobre nosotros mismos.

-La Rochefoucauld.

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Los hombres no podrían vivir mucho tiempo en sociedad si no se engañaran los unos a los otros.

-La Rochefoucauld.

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Nada impide tanto ser natural como tratar de parecerlo.

-La Rochefoucauld.

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Hacer un libro es un oficio como el de hacer un reloj: se requiere algo más que ingenio para ser autor. Un magistrado, por su mérito, a la más alta dignidad, era un hombre agudo y práctico en los litigios: hizo imprimir una obra moral, sobresaliente por lo ridícula.

-La Bruyére.

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El amor que nace súbitamente es el más difícil de curar.

-La Bruyére.

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La mayoría de los hombres emplean la mejor parte de su vida en volver miserable la otra parte.

-La Bruyére.

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Antes de atacar un abuso hay que ver si se pueden derruir sus cimientos.

-Vauvenargues.

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Los hombres tienen grandes pretensiones y pequeños proyectos.

-Vauvenargues.

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Se dicen pocas cosas sólidas cuando se busca decir extraordinarias.

-Vauvenargues.

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No se puede juzgar la propia vida con regla más falsa que la muerte.

-Vauvenargues.

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La breve duración de su vida no puede disuadirnos de sus placeres ni consolarnos de sus penas.

-Vauvenargues.

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El día más inútil es aquel en el que no se ha reído.

-Chamfort.

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Sucede con la felicidad lo que con los relojes. Los menos complicados son los que se descomponen menos.

-Chamfort.

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La indecisión, la ansiedad, son para el espíritu y el alma lo que el tormento es para el cuerpo.

-Chamfort.

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La peor de todas las discordias es la del corazón.

-Chamfort.

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Se gobierna a los hombres con la cabeza; no se juega al ajedrez con un buen corazón.

-Chamfort.

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Cuando mis amigos son tuertos, los miro de perfil.

-Joubert.

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Vemos todo a través de nosotros mismos. Somos siempre un medio interpuesto entre las cosas y nosotros.

-Joubert.

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Cada espíritu tiene su hez.

-Joubert.

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El cielo raramente otorga a los mismos hombres el don del bien pensar, del bien decir y de proceder adecuadamente en todas las cosas.

-Joubert.

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En política siempre hay que dejar un hueso para que puedan roer los descontentos.

-Joubert.

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Como la lectora y el lector lo saben, el viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los camareros se acercan con las bandejas que soportan el Glenfiddich 15, Gil pondrá a circular este último dardo francés de Joubert sobre el mantel tan blanco: “el desengaño en la vejez es un gran descubrimiento”.

Gil s’en va.