Opinión

Dar la batalla

Ahora resulta que el gobierno que planteó la más ambiciosa reforma en telecomunicaciones para abrir la competencia y terminar con monopolios, está quedando como un censor que actúa en favor de intereses económicos.

Es decir, queda mal con los intereses que toca y también queda mal con los ciudadanos beneficiados de la reforma.

Resulta increíble que en todo el PRI no haya una sola voz capaz de explicar con claridad y sencillez lo que se pretende con las leyes secundarias de la reforma en telecomunicaciones.

Hasta ahora las únicas explicaciones en favor de la reforma vienen del senador Javier Lozano... del PAN. Y al abrir los periódicos y oír programas en medios electrónicos nos quedamos con la impresión de que vamos a ser un país donde se censura Internet, como en Cuba o Pakistán.

Todo lo anterior es mentira. No hay tal censura ni ataques a la libertad de expresión, sino todo lo contrario: este es el más grande esfuerzo por apertura informativa y por lograr conexiones a Internet a mejores precios.

Como bien apuntaba ayer en estas páginas Enrique Quintana, el gobierno se lanzó a una reforma de gran calado, pero no ha dado la batalla para convencer a la opinión pública de que tiene la razón.

Incluso las corrientes modernizadoras del país han guardado un insólito silencio ante la andanada de falsedades que se esparcen en las cámaras legislativas y en los medios de comunicación acerca de la reforma en telecomunicaciones.

En una democracia no basta con tener la razón. Hay que demostrarlo y dar la batalla por la opinión pública.

El dictamen de la comisión de Comunicaciones y Transportes elimina el bloqueo de señales de telecomunicaciones en lugares críticos para la seguridad pública, que era la nuez de la inconformidad sobre el proyecto.

Lo que era un instrumento de “la autoridad competente” para casos de seguridad pública o de seguridad del Estado, como es el bloqueo de señal a integrantes de grupos delictivos, ya no va a poder hacerse. Y ni así les gusta a los que se oponen a la reforma.

Toman esas banderas porque hacen ruido en contra de la reforma. Y la reforma toca intereses muy grandes.

Les resulta inadmisible el hecho de que Gobernación tenga la obligación de “vigilar que las transmisiones de radio y televisión se mantengan dentro de los límites señalados en esta ley, de respeto a la vida privada, la moral, y no ataquen los derechos de terceros, ni provoque la comisión de algún delito o perturben el orden público”.

Bueno, y qué querían. ¿Que no haya vigilancia para que los medios electrónicos cumplan con la ley?

Consideran un ataque a las libertades que se puedan “bloquear el acceso a determinados contenidos, aplicaciones o servicios, a petición expresa del usuario”.

Según los que se oponen a la reforma, es violatorio de la libertad cuando un ciudadano pide que le bloqueen su celular porque se lo robaron. Y es censura bloquear contenidos de pornografía infantil, por ejemplo.

Un pretexto tras otro se suceden para torpedear una reforma extraordinaria, por la sencilla razón de que toca intereses poderosos.

Y el PRI, y sus legisladores, que deberían acompañar esta iniciativa y dar la batalla de la opinión pública, guardan silencio y esperan sólo el momento de votar.