Opinión

Danza global

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Dice The Economist que el período de dólar fuerte ha terminado. Esperemos que así sea. Durante los últimos dos años, o un poco más, el dólar se fortaleció frente a todas las monedas y las materias primas del mundo. No creo que haya todavía consenso en las razones de ello. Indudablemente la política monetaria de los países industrializados, y especialmente de Estados Unidos, tiene que ver con este proceso, pero yo estoy convencido de que hay algo más, y ese algo más es China.

A partir del ingreso de China a la OMC, el crecimiento de ese país fue explosivo. Ya era importante desde antes, pero en este siglo fue algo inusitado. Tasas de crecimiento como pocas veces se habían visto en la historia, pero ahora en un país muy grande. Pero ese país venía de ser uno de los más pobres del mundo, de forma que ese crecimiento, ya lo hemos comentado, era un crecimiento agotador: destruía recursos. Me parece que eso explica muy bien los doce años de precios elevados en materias primas: un país muy ineficiente, que crece a tasas muy elevadas, y por lo mismo compra mucho más recursos de lo razonable. Por eso no nos dimos cuenta de cómo se ha reducido el consumo de energía en el mundo industrializado, por poner un ejemplo.

La gran recesión de 2008-2009 provocó dos cambios en el entorno internacional. Por un lado, los países industrializados se lanzaron a experimentar con políticas monetarias extremadamente laxas, que han llegado incluso a ofrecer tasas de interés nominales negativas. Por el otro, China interrumpió un incipiente proceso de rebalanceo de su economía, para evitar la esperable caída de su economía en 2009, y con ello provocó un endeudamiento absurdo, que para 2014 se convirtió en franco estancamiento de su economía. Falta que lo acepten, pero el hecho es innegable.

Les sigue a estos dos fenómenos el endurecimiento del dólar, y por ello se les atribuye la posibilidad de ser su causa. Pero se le da más atención al tema de los bancos centrales, aunque la secuencia para explicar sea mucho más complicada, porque no se quiere creer que China se ha estancado, y ya no se recuperará. Así pasa.

Para México, este proceso no fue relevante en 2014, porque el peso se ajustó menos que la mayoría de las divisas. Nuestra moneda fue incluso más sólida que el euro o el yen durante casi todo ese año, pero al final nos alcanzó la ola. Buena parte de 2015 seguimos al ritmo de estas dos divisas, pero en agosto vino la separación. Mientras el euro y el yen tuvieron una recuperación en ese mes, nosotros empeoramos, y a partir de ese momento fuimos más vulnerables a la volatilidad, de forma que nos convertimos en una de las monedas más débiles al inicio de este año. Sólo el real brasileño estaba peor (entre las monedas más o menos importantes).

Sin embargo, como dice The Economist, las cosas cambiaron en los últimos dos meses. Desde inicios de febrero buena parte de las monedas se recuperó frente al dólar, y es de notar que el peso no se sumó a ese proceso sino hasta que ocurrió el anuncio conjunto de Hacienda y Banco de México que comentamos en su momento. Desde ahí, el peso mejoró significativamente, y aunque no hemos alcanzado al euro y yen, estamos cerca de hacerlo. Es decir que aunque hay un proceso global, los detalles locales cuentan, y en nuestro caso ha sido de la mayor importancia que el gobierno reaccione adecuadamente. Como ayer decíamos, nuestro problema relevante son las finanzas públicas. Hay que atenderlas con seriedad.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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