Opinión

Daño colateral, el eufemismo de matar inocentes

 
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Estado Islámico

Para quienes somos aficionados al cine o a las series de acción, nos hemos acostumbrado a ver escenas en las que los protagonistas enfrentan un supuesto dilema ético y profesional al tener que decidir si disparan un dron para matar a un terrorista. La angustia viene de que hacerlo podría acabar con el terrorista y sus planes siniestros, pero también con la vida de personas inocentes.

Sin embargo, este no es un drama relegado a la ficción. Los vehículos no tripulados de combate aéreo o drones –como se les conoce comúnmente– son el arma preferida en las guerras del siglo XXI. Sus ventajas, se arguye, son que centran sus ataques en objetivos específicos y proporcionan apoyo aéreo a los efectivos terrestres, sin poner en riesgo la vida de soldados. Dejar de lado el uso de tropas convencionales tiene una explicación. Después de los desastres en Vietnam, y más recientemente en Irak, se prefiere recurrir a ataques a distancia.

La vida de los efectivos importa hoy más que antes porque la opinión pública norteamericana y el Legislativo exigen resultados sin que haya víctimas o heridos.

Al no llevar ni siquiera un piloto como tripulante, los drones parecen ofrecer la solución para salvaguardar la vida de los soldados. Desde 2001, fecha del primer ataque con esta herramienta, Estados Unidos y el Reino Unido los han empleado de manera regular en Afganistán, Pakistán, Irak y más recientemente en sus ofensivas en el Medio Oriente, para combatir al autodenominado Estado Islámico (EI).

Usar drones causa daños colaterales terribles. Los cálculos matemáticos no son infalibles: estas naves no distinguen objetivos militares de objetivos civiles. Airwars –organización civil dedicada a registrar la campaña aérea contra el EI– estima más de mil 100 civiles muertos, que contrastan con los 35 que reconoce el Departamento de Estado norteamericano. Si bien todavía más de 90 por ciento de los ataques aéreos de la campaña contra el EI se realizan desde naves tripuladas, hacerlo desde drones no disminuye el margen de error. Incluso podrían aumentar el número de víctimas civiles, contrario a lo que sostiene el presidente Obama para justificar su participación en la campaña aérea.

Estados Unidos y sus aliados como Reino Unido usan drones de combate de manera cada vez más frecuente, pero también China, Rusia e Israel. Al menos otros 80 Estados tendrían la capacidad de usarlos de inmediato. La 'democratización' de este nuevo armamento trae serios riesgos para la paz y seguridad internacionales. Si todos los países disponen de drones equipados con armas letales, el problema será cada vez más grave. Estamos frente a un nuevo tipo de guerra de la que apenas nos percatamos. El riesgo aumentará si grupos terroristas –yihadistas o no– logran adquirirlos.

El derecho internacional humanitario, que tiene por objetivos principales proteger a aquellos que no participan directamente en las hostilidades y limitar el uso de la fuerza de las partes beligerantes, no se ha actualizado al ritmo que exigen estas nuevas formas de guerra. Es urgente iniciar la discusión del tema en los foros internacionales relevantes, es urgente convocar a una conferencia en el marco de las Naciones Unidas, de la que resulte una convención para regular el uso de este armamento.

Estados Unidos, Reino Unido y China tienen tres tipos de responsabilidades: como fabricantes, como usuarios de estos armamentos y como miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.

Su responsabilidad es ineludible para asegurar, quizá no la erradicación de estas armas, pero sí un marco normativo estricto. La Convención sobre la prohibición de minas antipersonales, firmada en Ottawa en 1997, ofrece un precedente. Como en ese caso, la sociedad civil debe participar activamente.

Con independencia de su efectividad para combatir a los terroristas, los drones no pueden usarse de manera indiscriminada. La falta de regulación de los ataques aéreos no tripulados tiene consecuencias fatales. Se han usado desde hace 15 años y desafortunadamente se han asumido como permitidas las víctimas inocentes en tanto se combata al terrorismo. Lamentablemente, a diferencia de las exigencias vociferantes de no involucrar más tropas de las necesarias en los conflictos armados, se toleran los daños colaterales que provocan a poblaciones civiles extranjeras que viven en zona de guerra.

Twitter: @lourdesaranda

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