'The Americans', un modelo a seguir
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'The Americans', un modelo a seguir

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'The Americans', un modelo a seguir

01/06/2018
Actualización 01/06/2018 - 16:23

Escribo esto unas horas antes de que acabe The Americans, la serie creada por Joe Weisberg y Joel Fields: indiscutiblemente uno de los mejores productos televisivos de la década. La última temporada finalmente ha enfrentado al matrimonio de Philip y Elizabeth Jennings, dos agentes soviéticos que llevan años pretendiendo ser estadounidenses mientras ayudan a su país recabando información, asesinando y robando a diestra y siniestra. Gran parte de la tensión de la serie –una tensión silenciosa, anclada en subtextos, rara vez explícita– deriva de las diferencias ideológicas que poco a poco se manifiestan entre Philip y Elizabeth. Con el paso del tiempo él parece cada vez menos convencido de su misión, cansado de mentir y lastimar en aras de un objetivo inasible, mientras el estilo de vida gringo amenaza con seducirlo definitivamente. Ella, por su parte, envilece a medida que su trabajo le exige mayor frialdad y violencia. Philip se encamina a la americanización; Elizabeth, al fanatismo. A un capítulo de terminar de verla, parece que la transformación de ambos se quedará a medio camino: un desenlace más que justo para una historia que, en el fondo y la forma, ha abordado el desarraigo, las transformaciones fallidas y el peso de nuestras verdaderas identidades.

De manera literal y figurada, tanto Philip como Elizabeth –por no hablar de sus hijos y los personajes que los rodean– asumen distintas personalidades e intentan cambiar los rasgos que los definen. Para cumplir con su trabajo ambos se disfrazan y pretenden ser otras personas, creando una serie de desdoblamientos inéditos en la historia de la televisión, tanto en frecuencia como en magnitud. En cada temporada, Mikhail, el chico soviético que hace décadas asumió la identidad de Philip Jennings, se disfraza para interpretar a otra persona, como Clark, el esposo de la pobre Martha (Alison Wright). Esto implica que tanto Matthew Rhys como Keri Russell, quienes interpretan a Philip y Elizabeth, a veces se vean obligados a habitar tres seres humanos al mismo tiempo: la identidad real, la identidad hechiza y el disfraz de esta última. Los guiones –muchos de ellos cátedras de dobles significados, puyas por debajo del agua y resortes sicológicos ocultos– reconocen, incorporan y juegan con estas triples personalidades. Clark habla de su vida y, aunque Martha no lo sepa, el espectador sabe que esa anécdota no le pertenece a Clark, ni a Philip, sino a Mikhail, el joven ruso que Philip dejó de ser cuando se mudó a Estados Unidos. ¿Qué otra serie reciente cuenta con esa complejidad en su entramado?

The Americans está motivada no por grandes giros de tuerca o revelaciones externas, sino por un interés genuino por revelar el interior de Philip y Elizabeth. Con cada temporada los Jennings se convirtieron en personajes más complejos. Un modelo a seguir para cualquier serie de televisión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.