'Sharp Objects': mujeres al borde de un ataque
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'Sharp Objects': mujeres al borde de un ataque

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'Sharp Objects': mujeres al borde de un ataque

10/08/2018
Actualización 10/08/2018 - 15:23

El director Jean-Marc Vallée lleva al menos dos películas y dos series donde los recuerdos de los personajes irrumpen una y otra vez en el presente. Quizás Dallas Buyers Club sea la cinta que menos encaja con esta característica de su trabajo, pero Wild, Big Little Lies y Sharp Objects –serie basada en la novela homónima de Gillian Flynn y transmitiéndose ahora mismo por HBO– sin duda comparten esa y otras cualidades. Las tres tienen al centro a mujeres que ocultan un pasado oscuro, muchas veces trágico, que se manifiesta en el presente a modo de flashazos: fragmentos y atisbos de recuerdos. La diferencia central entre Wild, Big Little Lies y Sharp Objects es que las dos primeras siguen a mujeres que buscan limpiarse de ese pasado alejándose de él, mientras que Sharp Objects gravita en torno a Camille Preaker (Amy Adams), una reportera que al volver al pueblito donde creció se ve nuevamente asediada por viejas heridas que nunca cerraron.

Sharp Objects es la culminación narrativa y estética de las obsesiones y las herramientas de su director. En Wild, Reese Witherspoon lograba una suerte de expiación a través de una larga y tortuosa caminata; en Big Little Lies, Shailene Woodley hallaba un solaz –y una venganza tardía– en su amistad con la propia Witherspoon y Nicole Kidman. Mientras tanto, Camille vuelve al pueblo de Wind Gap, su origen, porque huir de sus demonios nunca le ha funcionado. Sharp Objects es, en ese y otros sentidos, una narrativa más espesa y triste que Wild o Big Little Lies. La irrupción del pasado esta vez no se manifiesta a través de flashazos, sino que se entremezcla con el presente: Camille abre la puerta de un sitio y súbitamente entra a otro lugar; voltea y detrás se encuentra a sí misma de adolescente. El resultado es una serie con una esencia, digamos, proustiana: cada objeto, circunstancia o lugar pueden transportarnos a la adolescencia y la infancia de Camille, donde se esconden todo tipo de traumas íntimos.

Es atractiva la urdimbre de Sharp Objects, así como la consistencia estética y narrativa de su director. Menos encomiable es la abrumadora oscuridad de la serie, que no se permite ni un chispazo de ligereza ni humor. Ningún producto televisivo está obligado a ser simpático, por supuesto, pero este es tan asfixiante que su contenido, su ruta y hasta las interacciones entre sus personajes terminan por volverse predecibles. Es curioso que la serie se desarrolle en el poblado de Wind Gap. A Sharp Objects lo que más falta le hace es frescura. Aire.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.