Los superhéroes, mientras más modestos, mejor
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Los superhéroes, mientras más modestos, mejor

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Los superhéroes, mientras más modestos, mejor

13/07/2018
Actualización 13/07/2018 - 15:16

La serie sobre Ant-Man (Paul Rudd), un héroe capaz de encogerse como los niños de Honey, I Shrunk The Kids, siempre ha sido la más modesta de Marvel, y no sólo por el tamaño de su personaje central. Las películas de ese gigantesco estudio tienden a gravitar en torno a una amenaza igual de inmensa: un villano quiere exterminar una raza, destrozar una ciudad, aniquilar una civilización, volar el mundo a pedazos. No así en Ant-Man, donde los conflictos, como los superhéroes, son afortunadamente pequeños. La primera era una suerte de heist movie, similar, digamos, a Ocean’s Eleven. Nada había en juego más allá del éxito de la misión. En la segunda el objetivo es ligeramente más sustancioso: rescatar a la esposa del original Hombre Hormiga, Hank Pym (Michael Douglas), y madre de Hope van Dyne (Evangeline Lilly). Aquí, como en la primera, es refrescante que no peligre nada más grande que un par de peatones y unas cuantas hormiguitas.

Peyton Reed, a quien nadie habría señalado como el sucesor ideal de Edgar Wright cuando éste abandonó la primera entrega, vuelve a fincar el éxito de la serie en el tino cómico de actores como Paul Rudd y Michael Peña, así como en un humor más afín a los Looney Tunes que a la solemnidad del Capitán América. Estamos hablando de una película en la que hay al menos cien menciones a una dimensión cuántica e incomprensible, pero también de una que culmina con una persecución por las calles de San Francisco en la que diversos vehículos y personas se encogen y agigantan dependiendo de la necesidad. En comparación con otras películas de superhéroes, el resultado es atractivo por tener plena consciencia de su carácter absurdo. Ant-Man no pretende ser otra cosa que una cinta donde el héroe titular se desplaza montado en una hormiga voladora. Y eso de veras se agradece.

Lo anterior no quita que la fórmula Marvel se sienta gastada, incluso cuando se trata de su héroe más chusco. No hay gran cosa que decir de esta secuela que no hayamos ya apuntado sobre la primera. Vemos más cosas encogerse y agrandarse en pantalla, pero la hoja de ruta la conocemos de memoria, tanto como conocemos lo que ocurrirá en la enorme mayoría de películas sobre superhéroes actuales. Aun así, no es un logro menor que Ant-Man siga entreteniendo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.