Despolitizar la vida
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Despolitizar la vida

08/11/2018
Actualización 09/11/2018 - 4:50

Para los que somos adictos a las redes sociales a veces es difícil olvidar que Twitter no es un reflejo fiel del mundo. Quienes criticamos sin bridas a alguien en línea, por ejemplo, probablemente no haríamos lo mismo frente a esa misma persona. A diferencia de como pasa en una discusión privada, en las redes sociales hay una audiencia. Quizás por eso nuestras opiniones tienden a calcificarse en el Internet. Llevo casi diez años en Twitter. Creo que las dos palabras que menos he leído y tecleado son “tienes razón”.

Hay que reconocer que esta conducta no es la norma fuera de las redes sociales. Sin embargo, advierto comportamientos que ocurren tanto en el mundo virtual como en el real. Y uno de ellos es la incapacidad para despolitizar las conversaciones. Un tuit sobre la Serie Mundial acaba en una diatriba sobre la afición de López Obrador por el beisbol; la belleza de un atardecer chilango, compartido en Facebook, se le adjudica irónicamente a la cuarta transformación; tras publicar una reseña sobre Halloween, un usuario de Twitter comenta que, para historias de horror, nada peor que AMLO. Estas desviaciones, por supuesto, también pasan lejos del Internet. La inclusión dizque cómica o solemne de la política degrada la charla, como si lo único interesante que ocurriera en un país se llevara a cabo en la cúpula de la grilla.

El resultado es el clima actual de Estados Unidos, donde todo, desde el cine, el deporte y la literatura, parece infectado por Trump. Mi impresión es que para abordar la política con mayor serenidad vale la pena no incluirla en discusiones que no le corresponden (aunque hay casos, como el de Colin Kaepernick, en el que no sólo es inevitable, sino necesario). Lo contrario empobrece la variedad del debate. Evidentemente hay muchos temas que no tienen que ver con partidos, consultas, aeropuertos y devaluaciones. Sé que es extraño decirlo en una columna generalmente dedicada al cine y la televisión, pero mantener a la política en su coto es un acto de cordura. Debemos no caer en la espiral monotemática que ha engullido a la arena pública estadounidense, por el bien del debate de todo tipo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.