'A Very English Scandal', una gran miniserie
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'A Very English Scandal', una gran miniserie

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'A Very English Scandal', una gran miniserie

20/07/2018
Actualización 20/07/2018 - 15:24

Stephen Frears es un director del que desafortunadamente se habla poco. A lo largo de una carrera de más de 30 años, Frears ha dirigido una enorme variedad de géneros, muchas veces a cargo de cintas de gran factura. High Fidelity está en mi lista de las cinco mejores comedias románticas contemporáneas; My Beautiful Laundrette tiene una de las mejores actuaciones tempranas de Daniel Day-Lewis. Y hay muchas más.

Sólo alguien tan versátil como Frears podría haber dirigido los tres capítulos de A Very English Scandal, una miniserie que se desplaza sin tropiezos del drama al absurdo, del pastelazo a la tragedia. La historia de Jeremy Thorpe (Hugh Grant), un eminente político británico que a mediados de los 70 sostiene un costoso affaire con Norman Josiffe, alias Norman Scott (Ben Whishaw), no puede, al igual que la carrera de su director, calificarse con un solo adjetivo. Más allá de su abanico de registros, se trata de una miniserie agilísima, una suerte de Hoguera de las vanidades en clave inglesa, donde los conflictos que orillan al protagonista a la ruina no son raciales sino sexuales y en una sociedad en que hasta finales de los 60 ser homosexual era un crimen.

Frears merece mayor reconocimiento como realizador. Lo mismo es cierto de Hugh Grant como actor. La crítica y la audiencia se encandilan con aquellos cuya capacidad camaleónica es evidente, como el propio Day-Lewis. Aplaudimos al histrión que puede interpretar a un lisiado, un mafioso neoyorquino y luego a Abraham Lincoln.

Aplaudimos, vaya, la capacidad de transformación, como si actuar fuera vestir muchas pieles y no vestir un par y hacerlo bien. Grant recientemente estuvo fantástico en Florence Foster Jenkins, también de Frears, y en Paddington 2, donde interpretó, por cierto, a un actor ridículamente camaleónico, el villano de la cinta. En A Very English Scandal, Grant –un tipo que rara vez actúa fuera de lo que algunos podrían denominar como una zona de confort– da una interpretación sutil y, en el fondo, tan variada en tonos como la propia historia. Su Jeremy Thorpe es un cabrón, una víctima, un pillo y hasta un amante despechado, dependiendo de las circunstancias. Este año no he visto una actuación mejor calibrada, en cine o televisión. Whishaw no está lejos. Su Norman Josiffe es igualmente caleidoscópico, un personaje cuya aparente fragilidad oculta una reserva honda de fortaleza.

Sería una pena que, como las mejores cualidades de su director y actor principal, A Very English Scandal pasara inadvertida. En la tele hay pocas historias tan bien contadas (y tan breves) como esta.

A Very English Scandal está disponible en Amazon Prime.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.