Opinión

Daniel Buren

   
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Daniel Buren

Ayer, 25 de marzo, el artista francés Daniel Buren cumplió 77 años, uno de los representantes más destacados del movimiento conceptual de los años 60 y 70. La importancia de la obra de Buren dentro del contexto contemporáneo radica en cuestionar la naturaleza del arte y del espacio de exhibición por medio de elementos abstractos y minimalistas.

Estas prácticas lo han llevado a identificarse como un artista preocupado por lo social –el artista cree firmemente que el arte es para todos– por eso su obra se desarrolla en lugares públicos, sobre todo aquellos con una gran carga histórica, para así confrontar lo representativo de una civilización o cultura con sus consecuencias sociales y políticas.

Daniel Buren se graduó en 1960 de la École Nationale Supérieure des Arts Appliqués en París, Francia. Fue a partir de 1965 que abandonó la idea ilusionista de la pintura para comenzar a intervenir espacios públicos y de exhibición con sus famosas rayas verticales de 8.7 cm de ancho, alternando el blanco con algún otro color, lo que se ha convertido en su firma.

Si a Buren se le considera un artista conceptual y no solamente abstracto es porque en sus intervenciones arquitectónicas o escultóricas evidencia y resalta el contexto político, social o ideológico del lugar, que en ocasiones puede resultar desapercibido. Así pone a debate el papel de la institución y cuestiona los valores y referencias que atribuimos a dichos espacios. Buren crea una dinámica crítica hacia las instituciones de arte en general, mediante su desmitificación y transgresión a través de un lenguaje formal, abstracto y colorido - que puede resultar hasta cierto punto festivo- visual y conceptualmente accesible a cualquier espectador. A la par, utiliza otros elementos como los espejos o sus emblemáticas cabanes éclatées “cabañas estalladas”, construcciones que expanden el espacio, haciendo imposible diferenciar el frente del atrás, lo dentro de lo fuera. “La explosión permite trinchar, destripar el paralelepípedo y, por tanto, permite entrar en él”, mencionó el artista.

Uno de los rasgos más notables de Buren es que vive y trabaja in situ, es decir, es un artista que no tiene un estudio, vive y trabaja en el lugar y tiempo específicos en que realiza una obra. Ha producido más de 80 instalaciones públicas, como en el Palais de Tokyo, el Parc du Château de Versalles y el Templo del Cielo, en Beijing, y más recientemente en Monumenta 2012, en el Grand Palais de París.

En 1986 recibió el Premio León de Oro en la Bienal de Venecia, seguido por el Gran Premio Nacional de Pintura en Francia en 1992. Su obra ha sido expuesta en instituciones como el Museo de Arte Metropolitano de Tokio, en Japón; el Centro Pompidou, en París, y el Neues Museum, de Nuremberg, entre otros.

En 2014, Daniel Buren concluyó un sueño que tuvo hace más de 50 años cuando visitó México por primera vez: intervenir el Ex Hospicio Cabañas en Guadalajara. Y después de casi cinco años de planeación desde 2009, presentó la imponente y asombrosa intervención de los 19 patios del Instituto Cultural Cabañas, titulada De un patio a otro: laberintos. Hay otra intervención de Buren en nuestro país que todavía está abierta al público, en la galería de Fundación Casa Wabi, en Puerto Escondido, Oaxaca.

Como ya dijimos, Daniel Buren trabaja in situ y ex profeso, sus intervenciones son únicas y específicas para el lugar destinado. Así que es una suerte poder contar todavía con piezas suyas en nuestro país. Por eso no hay que olvidar la celebración de un año más de vida de este gran artista.


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