Opinión

Dadaísmo

  
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Dadaísmo

DADA no significa nada.
Tristan Tzara.
Primer Manifiesto Dadaísta (1918)

Imaginemos el paisaje de principio del siglo XX: La industrialización en plena ebullición con nuevas fuentes de energía como el petróleo y la electricidad, nuevas organizaciones de trabajo y concentraciones de capitales en monopolios, una economía que poco a poco se globalizaba gracias a la modernización de industrias como la acerera, que hacía posibles más vías de comunicación y transporte con trenes y barcos trasatlánticos (el hundimiento del legendario Titanic en 1912), o la aparición de la industria automotriz con el Modelo T de Henry Ford en 1914. Los escritos de Albert Einstein sobre la Teoría General de la Relatividad comienzan a publicarse a partir de 1915, así como el sicoanálisis de Sigmund Freud introducía términos como libido, sexualidad, sicología, conciencia o inconsciente en el vocabulario popular. Los imperios europeos en conflicto. El estallido de la Gran Guerra en 1914, que con la popularización de la fotografía y el cine
–inventos del siglo XIX– hicieron visibles de forma masiva la muerte, la destrucción y la desolación de la primera guerra mediática.

En medio de las atrocidades bélicas, un pequeño bar de Zúrich, Suiza (territorio neutral y cobijo de refugiados de la guerra), llamado Cabaret Voltaire, fue el epicentro de la vanguardia artística europea, del avant garde más osado: el nacimiento de Dadá, el movimiento artístico que determinó en gran medida las prácticas artísticas de todo el siglo XX.

La artista de cabaret Emy Hennings y el poeta alemán Hugo Ball inauguraron el Cabaret Voltaire en febrero de 1916, invitando a todos los artistas jóvenes de la ciudad a participar en una exposición. Los rumanos Tristan Tzara, de sólo 20 años, y Marcel Janco, y los alemanes Richard Huelsenbeck y Jean Arp se presentaron en el lugar. Sin pretensiones institucionales, un tanto al azar, sin premeditación, apelando a lo absurdo de los tiempos y la velocidad a la que cambiaba el mundo, se comenzó a crear una sinergia creativa entre este grupo de artistas. Pronto sacaron un fanzine donde publicaban sus poemas, dibujos y los primeros manifiestos (práctica que las vanguardias venideras adoptarían), donde proclamaban que se trataba de un antimovimiento de antiarte.

Claramente político, pero anárquico, con gran carga de humor negro e ironía, totalmente provocador, Dadá –palabra sacada al azar por Tristan Tzara– ponía en jaque la hipocresía y tibieza del gremio intelectual burgués europeo, llevando al extremo el concepto 'arte' a través de una estética onírica de tintes industriales, maquinales, muy influida por la abstracción rusa, pero con alto contenido sexual, el sinsentido y la realización de happenings, acciones casuales y contingentes sin una planeación previa que casi siempre involucraban lecturas de poemas en voz alta, además de utilizar distintos materiales y técnicas no convencionales como el collage de periódico. La fuerza de Dadá atrajo más artistas a sus filas desde diferentes ciudades, como Marcel Duchamp, Guillaume Apollinaire y Francis Picabia, quienes procedían de Francia. Podríamos decir que fue el nacimiento de los movimientos artísticos globales.

El dadaísmo surge en un momento de miedo y duda ante los preceptos de avance y bienestar de la modernidad. Nace del sinsentido del avance tecnológico para la matanza en masa. Y de la falsedad de la comunidad artística e intelectual de la época. Entre el terror, la angustia y la impotencia de un mundo que cambiaba a una velocidad inaprensible, los valores estéticos y éticos no volvieron a ser los mismos, y Dadá fue el vocero de ese cambio.

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