Opinión

Cumple la mediación jurídica diez años

La eficacia de la mediación como medio alternativo de solución de controversias, en nuestro país, se demuestra por su crecimiento exponencial en los diez años que tiene de haberse iniciado la implantación de su plataforma en la legislación procesal de las diversas entidades federativas. De hecho, los recursos e infraestructura para responder a la demanda, al menos en el Distrito Federal (DF), empiezan a parecer insuficientes.

Una primera barrera, y probablemente la más alta, estaba dada en la resistencia de los abogados para acudir a este tipo de instancias. Acostumbrados y entrenados para el litigio, los profesionales del derecho, en algunos casos, miraban a este tipo de mecanismos como formas menores de solución de conflictos. Este criterio ha cambiado de manera gradual. A diferencia de los largos juicios que suelen desgastar la paciencia y el patrimonio de los contendientes, la mediación aparece como un mecanismo más humano, económicamente accesible y mucho más expedito. Menor costo para los mediados, y desde luego menor costo para el erario público, que debe sostener la operación de cientos de tribunales para dar cauce a las miles de reclamaciones que año con año reciben.

A diferencia de los juicios, en los que la solución deviene impuesta por un tercero en forma imperativa, legal pero usualmente injusta, en la mediación el acuerdo lo construyen las partes, desde sus propias posibilidades, a la medida de sus reclamos y pretensiones.

Como parte de esta nueva cultura de legalidad que se pretende (re)construir, el acreditamiento de mediadores privados, con capacidad para administrar el procedimiento y dotar a los acuerdos de valor de sentencia, representa sin duda un avance significativo, no sólo en incremento de opciones, sino también en sensibilización social. Es la forma más tolerante de incorporar a “ciudadanos” en el complejo tema de la administración de justicia “entre ciudadanos”, restando por primera vez obligaciones y facultades que el Estado ha detentado como patrimonio exclusivo.

Otro de los grandes avances de la mediación es la apertura hacia áreas del quehacer jurídico diversas al tradicional derecho civil y mercantil, para abarcar una nutrida variedad de materias. En particular en áreas tan sensibles como las controversias familiares y penales, este mecanismo se erige como una forma civilizada de resolver las disputas sin atropellar la sensibilidad personal de los contendientes. En el representativo caso del DF, la celebración de convenios del Centro de Justicia Alternativa con el Instituto de la Vivienda y la Asociación Hipotecaria Mexicana han generado crecimientos de 500 por ciento en asuntos resueltos en un solo periodo anual de operaciones.

Los efectos de la mediación van más allá de la solución de un conflicto en particular. Es una nueva forma de abordar el conflicto jurídico, ya no desde la posición de un intrincado protocolo de formas y sofismas, sino desde la realidad misma de la colisión de intereses entre personas que de buena fe son convocadas a una mesa para resolver sus diferencias.

Esperemos que los medios alternativos de solución de disputas, en general en el país, sigan creciendo en uso y alcances; y que se conviertan en una opción de regresar a las formas simples del derecho.

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