Opinión

Cumple 20 años ADPIC
en medio de cuestionamientos

Enero de 2015 es el aniversario 20 de la vigencia de los acuerdos de la OMC en el mundo, y entre ellos, de los que han marcado la pauta del más moderno acuerdo general en materia de propiedad intelectual, contenido en el documento conocido como ADPIC (Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados al Comercio).

En su momento, este tratado representó el concentrado de una visión completa sobre la vocación comercial de estos derechos, como aliados decididos del neoliberalismo; una convergencia mundial sin precedentes, que reconoció los beneficios de la protección de los derechos exclusivos sobre nuevas creaciones tecnológicas, artísticas, sobre obras de todo tipo y sobre signos distintivos. Por primera vez los países en vías de desarrollo impulsaron nuevas leyes, no como moneda de cambio para responder a sus contrapartes industrializadas, sino bajo la convicción de que la regulación de patentes y derechos de autor es una ruta clara hacia la consecución de una economía más productiva y una cultura nacional más ancha.

El establecimiento de parámetros ampliados de protección para la propiedad intelectual en el mundo fue satisfecho por ADPIC, incluso de manera generosa luego de muchas décadas de inmovilidad y resistencia. De hecho, la pregunta no es ya si los efectos del tratado se alcanzaron, es claro que sí y de manera elocuente. La pregunta es que sigue en los próximos 10 años, ante una desvigorización del escenario del libre mercado como la única respuesta a la pregunta de ¿por dónde vamos al progreso?

¿Es posible evolucionar ADPIC? Francamente, no se miran por ahora opciones para lograr acuerdos de amplia envergadura que involucren los intereses de países, bloques y regiones que parecen claramente divergentes desde hace varios años. Parecería que, en el plano internacional, deberán ser acuerdos regionales limitados lo que por ahora la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual puede alcanzar, y sólo en temas específicos. Crecer sus dos grandes tratados de gestión mundial, en patentes su Tratado de Cooperación (PCT), y en marcas su Protocolo de Madrid para el Registro Internacional, y en lo demás buscar algunos consensos para asuntos de internet, expresiones del folclore e indicaciones geográficas.

La influencia que ADPIC gestó en estos 20 años es histórica, y probablemente aún no dimensionamos su impacto real en la forma en que la Propiedad Intelectual será vista en los siguientes 100 años. Sin embargo, es claro que el centro de gravedad en la regulación de estos derechos está mutando rápidamente, de ser vistos como propiedades indisputables que el Estado debe proteger bajo exclusiva a favor de sus titulares, hacia una versión funcionalista, en la que todas las partes intervienen, especialmente los consumidores y la sociedad actuante. Hoy la regulación ha de poner en el centro de la disputa a los derechos de patente frente al derecho a la salud de sectores amplios de pacientes o de usuarios de nuevas tecnologías; y a los derechos de autor frente al derecho de expresión y el derecho a la información en la arena de internet.

Pero al mismo tiempo, esta visión nos regresa al cuestionamiento básico presente en la semilla de estos derechos. Si la creación de una obra, o de una invención constituyen, también, un derecho humano, natural e inmanente. Esta es la pregunta que debemos empezar a responder.