Opinión

Cumbre Iberoamericana, renovación urgente

Los días de ayer y hoy se realiza en el puerto de Veracruz la XXIV Cumbre Iberoamericana que congrega a 22 jefes de Estado y de gobierno de la región. Es un foro que cumple ya 23 años de existir
-fundado en México en 1991 bajo la visión y los auspicios del gobierno de Salinas de Gortari- [y que] ha ido perdiendo con el tiempo el interés, el poder de convocatoria y la participación de varios líderes.

El signo más claro del desgaste en el mecanismo se registró en la última edición de la cumbre en Panamá, donde prácticamente la mitad de los jefes de gobierno cancelaron su participación. A pesar de la convocatoria mexicana, este año también hubo ausencias. Apenas la semana pasada cancelaron su participación Dilma Rousseff de Brasil y Cristina Fernández de Kirchner de Argentina, una por motivos de trabajo y la segunda por motivos de salud. Su ausencia impidió completar el grupo de líderes en la primera reunión de Felipe VI como rey de España.

Con la óptica de renovar el instrumento, de dotarlo de nuevas voces y espacios de intercambio y de reflexión, la cancillería mexicana lanzó este año el foro “Re-pensar Iberoamérica” con la presencia de destacados pensadores, intelectuales, voceros y representantes sociales de la región. La sesión tuvo lugar en el teatro Reforma del heroico puerto, donde confluyeron en el escenario escritores, jóvenes emprendedores (Guatemala, Uruguay, Perú y Argentina) artistas y voceros de la sociedad civil.

Breves presentaciones, seguidas por ejemplos empresariales, el desafío de la competitividad y la innovación.

El resultado fue productivo y esperanzador cuando fuera de la retórica gubernamental de todos los países, aparecen voces nuevas, frescas, con una postura activa de lo que se hace y de lo que se puede hacer.

El gobernador de Veracruz Javier Duarte y después la presidenta Bachelet de Chile, el rey de España y el presidente Peña Nieto hicieron presencia al final del foro para hacer entrega de premios y reconocimientos a iniciativas de la región.

El foro probó que este tipo de reuniones internacionales, atrapadas siempre en el discurso y el ambiente político, podrían alcanzar resultados más concretos de profundizarse el experimento. Extenderlo en duración, ampliarlo en participación y especialmente contar con la presencia de los jefes de Estado y de gobierno como los interlocutores naturales de estas voces y experiencias.

La producción del foro fue espectacular porque fue capaz de integrar proyección multimedia en pantallas móviles, al lado de presencia física con personajes en el escenario. Tuvo ritmo, agilidad, contenido y pluralidad. Gran trabajo de la cancillería, que debiera ser replicado en distintos foros internacionales.

Por años he cubierto y asistido a estas cumbres. He visto a representantes internacionales instalados en la retórica de la identidad y el patrimonio cultural común, que han perdido encanto, “punch”, contenido. Para algunos círculos brasileños la cumbre es el mecanismo por medio del cual Washington mantiene cierta homogeneidad en la región y control sobre los tonos y los discursos. Para otros -los argentinos tal vez-, no es otra cosa que una pérdida de tiempo porque son foros vacíos que no alcanzan resultado alguno.

El gobierno de México, a través del equipo organizador, pretendió modificar esa constante de cumbres anteriores y proponer foros y discusiones distintas.

Es un buen inicio, es un acierto que se debe continuar y perfeccionar.

Twitter: @LKourchenko