Opinión

Cumbre en Minsk

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Angela Merkel de Alemania y Francois Hollande de Francia (Reuters)

Los líderes europeos Angela Merkel de Alemania y Francois Hollande de Francia, se reunirán mañana en Minsk, Bielorrusia, para sostener un diálogo frontal, cara a cara, con Vladlimir Putin de Rusia y Petro Poroshenko de Ucrania. Será la primera vez, desde el inicio de los conflictos entre Ucrania y Rusia, que sus presidentes se den la mano.

La señora Merkel viene de Washington, donde se reunió el día de ayer con el presidente Obama en el intento de una solución de consenso: Merkel se opone a que Estados Unidos entregue armas al ejército ucraniano para fortalecer su posición y enfrentar con mayor vigor a la aplastante maquinaria bélica rusa. Obama, por el contrario, como dijo el mismo lunes, sostiene que “en pleno siglo XXI es inadmisible que las fronteras europeas se modifiquen a punta de pistola”,
A pesar de sus diferencias, Berlin y Washington pretenden alcanzar una estrategia compartida en el conflicto con Rusia. Putin sigue instalado en la paranoia de un Occidente “hambriento por extender sus fronteras hacia el este” como ha señalado en más de una ocasión en el pasado.

Entre las alternativas que se discutirán, está el respeto absoluto a un alto al fuego, donde Moscú ejerza su influencia y detenga el abastecimiento de armas y equipo a los rebeldes –no reconocido oficialmente por el Kremlin- para detener los combates. Eventualmente, traer a la mesa a los líderes rebeldes de Donetsk y construir un espacio de diálogo y negociación más extenso.

Para el gobierno de Ucrania, ante el hallazgo reciente de pasaportes, uniformes y equipo, resulta evidente y con pruebas irrefutables, que Rusia está detrás de los grupos rebeldes. La encrucijada en Minsk, consistirá en convencer al incrédulo Putin de que la Unión Europea no pretende llegar hasta sus fronteras ni incluir a Ucrania entre sus países miembros. Después, reducir las sanciones económicas y conseguir que el presidente Ruso asuma una serie de compromisos de control y desarme de los grupos rebeldes.

Rusia supera notablemente las fuerzas armadas en relación a Ucrania. Por cada soldado ucraniano, Rusia tiene 8, tiene dos veces más tanques, hay 6 aviones rusos por cada uno de Ucrania y 10 veces más barcos de guerra. No hay comparación. Por ello Estados Unidos considera la solución del armamento que Merkel rechaza categórica y que reproduce los viejos esquemas de confrontación indirecta de la Guerra Fría.

El presidente Poroshenko está feliz de que lleguen en su auxilio Francia y Alemania, con el mensaje indirecto de Estados Unidos. Pero en esencia el mensaje es para Putin y el Kremlin: no permitiremos un nuevo conflicto armado de escalada global por la necedad y desconfianza del señor Putin.

Si Europa se retira, Francia entrega el portaaviones y se levantan las sanciones, existe la posibilidad de librar un conflicto de proporciones mayores. Por su parte Obama parece mucho más reservado y distante ante un diálogo frontal con Moscú. Las relaciones entre ambos líderes se encuentran en el peor estado desde hace años, tal vez, y para ambos gobiernos, es como los añejos momentos de tensión durante los años soviéticos. Para Rusia se acaban las opciones, porque el daño de las sanciones está golpeando a su economía de forma sensible: inflación a la alza, desempleo creciente, carencia de divisas y con ello, reducción de productos importados que empieza a sentirse en Moscú y otras ciudades. A pesar de ello, Putin se empeña en decirle al mundo que su gobierno y su país son fuertes e intocables por Occidente. Merkel, a su pesar, llevará un mensaje “de apoyo” del Presidente Obama a Minsk, bajo un marco enérgico de condiciones. Esperemos los resultados.


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