Opinión

Cultivo y culto para salvar el ambiente


 
Detrás de los sufrimientos de casi 2 millones de damnificados que dejaron Ingrid y Manuel en México durante septiembre, ha aparecido lo de siempre, pero no lo fundamental.
 
 
Lo evidente es la impericia en protección civil, la descoordinación entre gobiernos y la corrupción, todo lo cual seguramente elevó el número de víctimas y la destrucción material.
 
 
Lo que hay que reconocer, es que estamos ante un cambio climático y la necesidad de afrontarlo con una visión diferente a la que inducen las inercias económicas y culturales.
 
 
El calentamiento global le agrega energía a los huracanes a nivel planetario, pero a México, por su ubicación entre dos océanos, con 11 mil 200 kilómetros de litorales, lo tocan con toda su fuerza.
 
 
Atenuaría sus efectos que hubiera mejor coordinación entre los gobiernos estatales y el federal para advertir a tiempo a la población y para atender oportunamente a quienes resultaran afectados.
 
 
Los daños materiales también serían menores si la corrupción no fuera causa de exposición a grandes riesgos de construcciones habitacionales.
 
 
Pero el problema es mucho mayor que el alcance de esas medidas. Es económico y es cultural.
 
 
La crisis económica exhibe –a quienes quieran verlos los costos de depender de los mercados para asignar recursos y distribuir beneficios.
 
 
Una crisis ambiental sería mucho más devastadora. No obstante, toda propuesta que se ha hecho en los foros internacionales para sanear el medio ambiente, se refieren a los mismos mecanismos de mercado para convertir esa responsabilidad en negocio de particulares.
 
 
Es la lógica de nuestros tiempos, que nos ha llevado, como señala Tony Judt, a “algo profundamente erróneo en la forma en que vivimos hoy. Durante 30 años hemos hecho una virtud de la búsqueda del beneficio material: de hecho, esta búsqueda es todo lo que nos queda de nuestro sentido de un propósito colectivo” (Algo va mal, Tony Judt, Taurus, México, 2010).
 
 
Aunque juzgadas y marginadas, todavía existen culturas en que las personas mantienen una relación con la naturaleza que es productiva, al mismo tiempo que alegórica y espiritual.
 
 
Se les menosprecia como primitivas en vez de apreciar el hecho de que su cultura mantiene el sentido esencial del término, el cual alude a cultivo y culto, es decir, a la relación humana del trabajo con la naturaleza y con lo sagrado.
 
 
La “modernidad” convirtió aquel binomio en cultivo y dominio tecnológico, siguiendo la idea de progreso basada en el crecimiento económico ilimitado.
 
 
Fue todo un cambio, no sólo productivo sino civilizatorio que arranca en el Renacimiento. Esa modernidad es la que está en crisis.
 
 
Los paradigmas alternativos están en esas culturas “primitivas” que como dice Nelson Mandela, en su autobiografía recién publicada por la editorial Aguilar, permiten hacer del trabajo una fuente de alegría.
 
 
Relata Mandela que cuando “no tenía más de cinco años me convertí en pastor, haciéndome cargo de las ovejas y los terneros que pastaban en los prados. Descubrí el vínculo casi místico que sienten los xhosas (su tribu) con el ganado vacuno, no sólo como fuente de alimento y riqueza, sino como bendición divina y fuente de alegría” (p21).
 
 
Los pueblos mayas y zapotecas en el sureste, huicholes y tepehuanos al occidente y cualquiera de los originales de Mesoamérica comparten esa cosmovisión que resiste –todo lo que puede a la idea de progreso basado en el dominio tecnológico de la naturaleza.
 
 
En vez de voltear a reconocer para actualizar nuestros primitivos orígenes, las élites intelectuales de este país –con raras excepciones ensalzan la modernización y el progreso con la vana ilusión de que México llegue a parecerse a los países ricos, como Estados Unidos.
 
 
No es la privatización ni el negocio con la naturaleza la que nos salvará del calentamiento global, de la pérdida de biodiversidad, de la erosión de los suelos cultivables y de la contaminación del agua, sino el restablecimiento de la relación entre cultivo y culto espiritual, no necesariamente religioso.
 
 
http://estadoysociedad.com