Opinión

Culpa

   
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Culpa, Vale Villa. (Shutterstock)

Si tan solo pudiéramos sentir culpa del tipo benigno. La que nos lleva a detenernos, a pedir perdón, al arrepentimiento, a reparar, a cambiar. Esa que alivia la conciencia, sirve de antídoto para la ansiedad y hace que nuestra vida sea mejor.

Usamos palabras para describir sentimientos y culpa parece ser un comodín para explicar demasiados. Hay quien dice sentirse culpable de cobrar por su trabajo, cuando si usara las palabras con más rigor, debería decir que se siente devaluado, que en consecuencia devalúa su trabajo y que por tanto, le apena cobrarlo. Otros dicen sentirse culpables por tener una orientación homosexual, cuando quizá sería mejor hablar de vergüenza, que es una emoción relacional, basada en lo que los otros puedan pensar y juzgar sobre su vida.

Culpa es quizá una de las primeras causas que vienen a la mente cuando no está claro porqué estamos bebiendo en exceso, o tomando demasiadas pastillas para dormir, o haciendo cualquier cosa que enferme al cuerpo o al espíritu.

Debe ser culpa reprimida, oculta, enquistada, pensamos. O mejor dicho, eso pensamos los terapeutas, que poco hemos cuestionado la idea freudiana de que la culpa es equivalente al autocastigo; la culpa reprimida e inconsciente como el origen de casi todas las formas de neurosis.

La culpa de la que hace daño es aquella que no se reconoce. Algunos dividen el mundo en blanco y negro, bueno y malo, y son incapaces de aceptar sus partes malas, porque si lo hicieran ya no podrían ver sus partes buenas. Para estas personas sentirse culpables es aniquilante y por eso se defienden culpando a otros de sus actos. Porque los provocaron, porque los lastimaron, porque los trataron mal.

La culpa como motor es un mecanismo que genera ansiedad. Algunas personas cumplen con sus compromisos solo para no sentirse culpables pero no por una motivación positiva. Son sus propios perseguidores: se sienten culpables si llegan tarde, si se equivocan, si se enferman, si dejan de amar, si están contentos, si les va bien y a los demás no, si se compran ropa, si no están felices aunque deberían.

Solo debería hablarse de culpa cuando hubo una intención de dañar a alguien y se acepta la responsabilidad del hecho. La culpa es distinta de la vergüenza. La primera es una emoción más madura que la segunda, porque implica un proceso más complejo e interno. La segunda es una emoción relacional cuyo objeto es lo que los otros pensarán de nuestras acciones. La culpa se siente aunque nadie nos haya visto. La vergüenza aparece cuando los demás se enteran de lo que hemos hecho.

Freud pensó que la culpa siempre está asociada al autocastigo. Otros autores como Winnicott o Klein la relacionaron con la preocupación por los otros, con eros, con el amor. Podemos sentirnos culpables porque amamos a los demás y nos duele haberlos lastimado. Así que es posible hablar de ansiedad persecutoria o culpa como autocastigo. Y también de ansiedad depresiva, que es la capacidad de preocuparse y de intentar reparar el daño ocasionado.

Solo quien intenta reparar el daño está usando la culpa a favor de los otros y de su propia tranquilidad emocional.

Los hombres tienden a sentirse menos responsables de sus acciones que las mujeres, que son propensas a sentirse más avergonzadas y más culpables. Que las mujeres tienen la culpa de todo es una idea cultural retrógrada, por desgracia vigente y una de las causas de la misoginia y la violencia.

Quienes se sienten culpables de todo viven dentro de la omnipotencia narcisista, que es una defensa psíquica basada en la fantasía de control para aminorar la angustia. Los narcisistas omnipotentes están convencidos de que gracias a ellos, todo sale bien o todo sale mal.

Sentirse siempre culpable deriva en masoquismo, que no sirve para enfrentar los errores. No habrá éxito, felicidad, crecimiento ni tranquilidad, para quien prefiera enquistarse en su identidad de culpable y no tenga la valentía de reparar los daños cometidos.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa, así como conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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